Una feliz normalidad

Eduardo Adrianzén
05 Nov 2018 | 21:15 h

"Y todo porque hoy sentimos despertar en un país donde las leyes se aplican y se toman medidas drásticas contra el delito."

Se atribuye a Rafael de la Fuente Benavides “Martín Adán” la frase “hemos vuelto a la normalidad” al enterarse de que el presidente Bustamante y Rivero había sido derrocado por el general Odría en 1948. Demasiada democracia y demasiada civilización no eran normales en esta comarca. La legalidad era vista como excepción que no combinaba con nosotros. Y como siempre los poetas definen en pocas palabras la esencia de las naciones, esta idea quedó flotando en el subconsciente peruano: la corrupción y el abuso es lo “esperable”. Lo que “tiene que pasar”. Lo “normal”.

Quizá por eso ante los eventos de las últimas semanas, millones sentimos un desconcierto y asombro que al fin empieza a asimilarse. ¿Fiscales y jueces probos, no corruptos, ordenando investigaciones y prisiones preventivas para mafias que eran intocables? Delincuentes fugados a otro país, capturados en 36 horas? ¿Congresistas, funcionarios y poderosos de toda calaña, descubiertos al fin sin maquillaje alguno, en sus mafias cotidianas, practicadas impunemente con fondos públicos? ¿Pseudo “comunicadores-analistas” y operadores políticos histéricos, perdiendo el mínimo pudor escribiendo que vivimos en una especie de Corea del Norte? (¡!) Increíble.  
Y todo porque hoy sentimos despertar en un país donde las leyes se aplican y se toman medidas drásticas contra el delito. Donde nadie tiene corona, y hasta los peces –y quizá ballenas– más gordos descubren por primera vez en su vida que el Perú no es su chacra y caja fuerte. Que solo eran hampones y fantoches.

Ahora depende de nosotros que dure, se fortalezca cada día más y no retroceda otra vez. Que el asombro deje de serlo y se convierta en LO NORMAL si soñamos con ser un país digno y desarrollado. Tan simple e inmenso como eso.