La Botica habla

Editorial
21 Oct 2018 | 21:06 h

El Congreso invadido por una fuerza demoledora de la democracia.

El diálogo de los parlamentarios de Fuerza Popular, en la lista de Telegram llamada ‘La Botica’, entre ellos, y el que sostienen con Keiko Fujimori y su asesor Pier Figari, es revelador de la forma cómo entiende la política el fujimorismo y el modo de resolver sus problemas contingentes o graves.

Los datos conocidos en el marco de la investigación del financiamiento ilegal de la campaña electoral del 2011 indican que la cúpula de Fuerza Popular no asume frente a los delitos cometidos, sobre los que se disponen evidencias serias, un ápice de autocrítica y rectificación. Al contrario, se confirma una conducta colectiva de negación y encubrimiento, extremadamente grave al tratarse de políticos con responsabilidades públicas.

Las conversaciones reflejan un enfoque de la política como un toma y daca resumido en la orden dada por K. Fujimori al presidente del Congreso, Daniel Salaverry, de emitir un mensaje al resto de la bancada de apoyo al fiscal de la Nación, Pedro Gonzalo Chávarry, cuya renuncia demanda la opinión pública. Chávarry ha respondido a esa defensa debilitando al equipo del fiscal José Domingo Pérez y atacando directamente a este magistrado.

Los diálogos desnudan la esencia del fujimorismo, un grupo político que se adhiere formalmente al Estado de Derecho pero que lleva a cabo una práctica de destrucción de quienes creen son sus adversarios. El sometimiento oficial a la justicia por parte de sus líderes es anulado por la realidad, es decir, el complot que se urde contra el fiscal que los investiga y sobre el cual se descarga todo el poder. El uso de palabras como “matamos”, “sacarle el ancho”, “desgraciado”, o la expresa indicación de deslegitimarlo para que los investigados evadan la justicia, remite no solo a los ataques a los adversarios a través de los medios y el apoyo a sus aliados o a otros poderes, sino a maniobras que comprometen la manipulación de instituciones, como  la reciente reunión de la comisión de Defensa, orquestada con el Apra, las componendas en la comisión Lava Jato o la tramitación de la ley sobre el etiquetado de alimentos.

Al leer los diálogos de ‘La Botica’ no es difícil imaginar cómo se gestó la expulsión de Kenji Fujimori y su grupo, que Keiko Fujimori dijo no saber nada porque era un asunto estrictamente parlamentario, la moción de vacancia de PPK en diciembre, las sanciones contra los congresistas incomodos de la oposición o la aprobación de leyes con nombre propio. Es obvio que el Congreso ha sido invadido por una fuerza que está demoliendo la democracia. 

No se habría sabido estos manejos del fujimorismo si no fuese por la confesión de un testigo protegido o colaborador eficaz. Resulta dramáticamente poético que el partido que se especializó en el reclutamiento de topos, con éxito en la última elección de la mesa directiva del Congreso, sea puesto en evidencia por uno de los suyos que, en sentido inverso, decidió colaborar con la justicia para que se conozca la verdad de los trámites turbios en ese grupo político.