Eguren versus Ugaz

Pedro Salinas
2018 M10 21 | 01:01 h

"Se quiere neutralizar a la periodista que investigó los abusos de todo tipo perpetrados al interior del Sodalicio de Vida Cristiana".

El obispo sodálite la emprende ahora contra Paola Ugaz. La quiere silenciar. O amedrentar. U hostigar. O qué sé yo. Usando la vieja arma de la querella como chaveta en la garganta. El método de toda la vida del Sodalitium Christianae Vitae, es decir. La amenaza como recurso. La intimidación como argumento.

Porque a ver. Paola Ugaz ha demostrado ser una periodista independiente, honorable y su valor profesional ha merecido, en más de una ocasión, público reconocimiento. Por ello, cualquier intento de acallarla para que no hable sobre determinados temas o figurones ensotanados que tratan de pasar piola respecto de los abusos cometidos por la institución a la que pertenecen, merece el repudio absoluto. Cualquier intento de amordazar la crítica es una clara muestra de la intolerancia de los poderes fácticos que, como ciudadanos peruanos, no podemos aceptar.

En este caso, se quiere neutralizar a la periodista que investigó los abusos de todo tipo perpetrados al interior del Sodalicio de Vida Cristiana, la organización de la que no solo forma parte el obispo querellante José Antonio Eguren Anselmi, sino que contribuyó a crear.

Eguren acusa a Paola de una supuesta difamación agravada y le exige una reparación civil de 200 mil soles. Y claro. Encima quiere encerrarla tres años en una prisión de mujeres en Piura. Lo más alucinante es que, pese a lo enclenque de la querella, el Quinto Juzgado Penal Unipersonal de Piura admitió la demanda.

La denuncia contra Ugaz es por haber participado como productora periodística en un reportaje de la cadena televisiva Al Jazeera que dejaba al descubierto señalamientos gravísimos sobre tráficos de terrenos y contratación de criminales por parte del Sodalicio. Adicionalmente, el prelado se siente herido y ofendido y calumniado e injuriado porque Pao le recuerda en siete tuits que formó parte de la denominada “generación fundacional” del Sodalicio, cuyos integrantes conocieron de los abusos y maltratos físicos y psicológicos contra los subalternos de la institución, y en algunos casos se enteraron de los atropellos sexuales, y cuando ello ocurrió, en lugar de denunciar a los victimarios ante las autoridades civiles, e incluso las eclesiales, encubrieron todo. Porque así fue.

Pao ha dicho que responderá a la demanda con lo que mejor sabe hacer: más periodismo. “Vamos a responder con más periodismo a las denuncias y se viene una investigación grande sobre el tema económico del Sodalicio (…) Eso me da mucha más gasolina para seguir adelante”, comentó a este diario. Y no será la única publicación en camino, todo hay que decirlo. Hay más. Porque el Caso Sodalicio, a diferencia de lo que nos quieren hacer creer algunos, todavía no es un asunto cerrado.

Como sea. Que a los periodistas que revelamos cosas nos traten como enemigos, es un clásico. Y que encima nos enjuicien, son gajes del oficio. Pero insistir en que las noticias que no les gustan a ciertos personajes, como es el caso del señor Eguren, aduciendo que son falsas, cuando no lo son, y usando la administración de justicia como chaira, pretendiendo llevar el litigio a Piura con fórceps, sí huele a peligroso. Sobre todo por las “buenas relaciones” del todopoderoso obispo con las autoridades de su región.

En resumen. Como ha dicho The Des Molnes Register: “Los verdaderos enemigos del pueblo –y de la democracia– son quienes tratan de sofocar la verdad vilipendiando y demonizando al mensajero. La respuesta no puede ser el silencio”.