Jorge Muñoz: El alcalde diferente

Prácticas que hicieron exitoso a Jorge Muñoz en Miraflores. Las reuniones con sus funcionarios, con los vecinos, con el Comité de Seguridad Ciudadana. Pero, como dijo Urresti, Miraflores no es Lima.

Prácticas que hicieron exitoso a Jorge Muñoz en Miraflores. Las reuniones con sus funcionarios, con los vecinos, con el Comité de Seguridad Ciudadana. Pero, como dijo Urresti, Miraflores no es Lima.

Mientras espera el primer día útil del 2019 para asumir el gobierno de Lima, Jorge Muñoz cumplirá su rutina habitual como alcalde de Miraflores. La rutina comienza los martes a las nueve de la mañana, cuando se reúne con sus funcionarios en el Salón de Actos de la Municipalidad. Llega puntual, y rara es la ocasión en que uno de los convocados inasiste o se retrasa. En los siguientes sesenta minutos se reportan problemas y se deciden algunos aspectos cruciales en el manejo del distrito. Cuando comenzaron las reuniones, en el 2011, un funcionario reportó que el hotel Hilton, en plena construcción sobre la avenida La Paz, había levantado un piso más de lo autorizado. Sería un vecino muy importante en Miraflores, a diez cuadras del Marriott.

–Si se excedió en lo permitido deberá demoler el piso que sobra –dijo Muñoz.

En otro distrito, un incidente así hubiera sido tratado con el alcalde en una reunión a puerta cerrada con el gerente correspondiente. O hubiera prevalecido la estrategia de los hechos consumados. Como la decisión fue abierta, el resto de funcionarios supo que debían aplicarse las normas y el principio de autoridad, independientemente de la importancia del administrado. El Haití, otro establecimiento emblemático, tampoco pudo persuadir a la municipalidad de que dejara fumar a sus clientes de la terraza. Temía quedarse sin ellos, porque la mayoría consumía un cigarrillo con su café. Finalmente no los ha perdido: los tabaqueros de la terraza se ponen de pie, fuman unos metros más allá del restaurante, y después vuelven a su asiento.

Escuchar y servir

La reunión semanal entre el alcalde y los 44 funcionarios de la Municipalidad de Miraflores no es un extraordinario recurso de gestión municipal. Un burgomaestre inepto podría establecerla. Lo que hace diferente la de Miraflores es que ocurre siempre, como si fuera una ley. Es insustituible para tratar cara a cara los asuntos municipales, y el alcalde nunca falta. Las decisiones, al tomarse con la presencia de todos, empoderan y dan una línea de actuación a los responsables de área. Además, saben que allí van a tener que responder por lo acordado. En esas reuniones se proyecta un principio de hierro: lo más importante es escuchar y servir al vecino.

Todos los miércoles, desde las ocho de la mañana hasta la una de la tarde, el alcalde de Miraflores recibe a los vecinos que desean hablar con él o con alguno de los gerentes. Cualquier vecino puede inscribirse y será citado para el miércoles siguiente en la hora que corresponda a su orden de inscripción. Esa mañana Muñoz estará completamente disponible para los interesados, junto con su plana de funcionarios. Algunos no desean hablar con él sino con un jefe de línea, para reclamos, sugerencias o simplemente para obtener información. Pero otros sí quieren hablar con el alcalde aunque sea para conocer sus ideas sobre el distrito. Muñoz y sus gerentes conversan con ellos hasta llegar a la última persona inscrita. Cada entrevista, con su reclamo o sugerencia, es ingresada a una base de datos, para darle seguimiento.

Dar el ejemplo

El contacto directo con los ciudadanos tampoco es una idea extraordinaria. Pero Muñoz nunca deja de hacerlo. Atiende a unos ciento veinte vecinos por semana, y el mensaje no es solo para la población:

–Si el alcalde hace eso en persona –dice un funcionario–, ¿nosotros acaso vamos a dejar de escuchar al vecino que viene todos los días?

Todos los viernes, de nueve a diez de la mañana, el alcalde de Miraflores preside el Consejo Distrital de Seguridad Ciudadana, CODISEC. Este tipo de comités se han hecho famosos porque pregonan su importancia desde los presidentes (es recordado el que constituyó, para la foto, Ollanta Humala) hasta los analistas especializados. Pero las reuniones se descontinúan pasado el ímpetu. Muñoz hace funcionar el suyo religiosamente. Asisten cinco gerentes municipales, los tres comisarios del distrito, otros cuatro jefes policiales que vigilan el tránsito, la criminalidad, la violencia familiar. Asisten el juez y el fiscal de Miraflores, el director del hospital Casimiro Ulloa, los representantes de los bomberos, del sector educación y de las juntas vecinales. Están todos los involucrados. La reunión jamás deja de producirse y cada vez que alguno se ausenta, el alcalde indaga la razón y se asegura de que no vuelva a ocurrir.

El mejor distrito

Por lo común nadie falta, y esta constancia ha permitido que la información y el análisis de los problemas de seguridad de Miraflores se realicen en tiempo real, con las autoridades involucradas mirándose a los ojos. No hay doble contabilidad de delitos entre el Ministerio del Interior y el Serenazgo tratándose del distrito. El fiscal no tiene que esperar mucho para decirle a la policía que estaba mal hecha la denuncia sobre determinados delincuentes. Todo se sabe y se discute. Hasta hace poco el problema mayor era el robo de bicicletas. Cuando se tomaron las medidas que correspondían, la incidencia disminuyó.

Propios y extraños perciben que Miraflores es el distrito mejor gobernado de Lima. Por añadidura es el más inclusivo, pues tiene una población flotante mayor a la de sus cien mil residentes. Las familias que vienen desde los arenales para pasear por los parques del Malecón Cisneros son parte del paisaje habitual en un fin de semana. No es extraño ver a padres con sus hijos menores de diez años transitando por el Parque Kennedy un sábado a las once de la noche. Por otra parte, Miraflores integra un grupo de municipios que en el mundo desean ser reconocidos como los que mejor tratan a sus niños y a sus ancianos.

El ciudadano primero

Queda claro que los méritos no se deben solo a las reuniones. Muñoz es indudablemente un hombre con liderazgo y capacitado para el cargo, tras haber sido teniente alcalde, gerente y regidor antes de convertirse el alcalde. Pero, como dijo su competidor Daniel Urresti, Miraflores no es Lima. Así pues, lo dicho hasta aquí no garantiza que la gestión metropolitana de Muñoz sea exitosa con los mismos instrumentos. Pero sí explica prácticas de gobierno municipal que hicieron la diferencia respecto de otras gestiones, y que le permitieron usar el ejemplo de Miraflores para ser votado para la alcaldía de Lima. La principal es que actúa pensando en los vecinos. La idea es que el ciudadano está primero. Ahora, con nueve millones de habitantes para satisfacer, va a tener que idear mecanismos de diálogo bastante diferentes.

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