Las elecciones y la postpolítica

Alberto Adrianzén
3 10 2018 | 20:11h

No es extraño en este contexto que las elecciones sean para los ciudadanos un simple baile de máscaras. Algo de lo cual se puede prescindir.

Se dice que en estas elecciones regionales y municipales hay un exceso de candidatos. Es cierto. En Lima hay 20 candidatos provinciales. Sin embargo, no ha sido la cifra más alta. En 1993, en esta ciudad, 38 candidatos disputaron el sillón municipal metropolitano. De las 38 listas, 28 eran independientes. Fue el inicio –luego del triunfo de Ricardo Belmont, en 1989, de Alberto Fujimori en 1990 y del golpe fujimorista del cinco de abril de 1992– de la fragmentación política y la multiplicación de listas, de la cual, hasta ahora, no salimos.

Las elecciones municipales de 1993 en Lima Metropolitana fueron, además, todo un carnaval electoral promovido por el fujimorismo al alentar el llamado “independentismo político”. En estas elecciones el promedio de listas por distrito en Lima Metropolitana fue 19 (cifra cercana a la que hoy tenemos). Sin embargo, en los doce distritos más pobres compitieron un total de 329 listas, lo que en promedio significaba 27 listas por distrito (en algunos de estos el número fue superior a 40 listas). En distritos de clase media la cifra de listas también fue alta, alcanzando en algunos de ellos, como Jesús María y Pueblo Libre, el número de veinte. Mientras que en barrios de clase alta o media alta (Miraflores y San Isidro), el número de listas fue menos de 6.

Y si bien en las elecciones del 7 de octubre el número de listas es menor comparado con las de 1993, sigue siendo alto en la casi totalidad de los distritos de Lima Metropolitana, más aún si se toma en cuenta que esta vez las reglas electorales han buscado promover la participación activa de los partidos y desincentivar las listas independientes.

La siguiente relación muestra esta inflación de candidatos distritales (entre paréntesis va el número de listas) en estas elecciones: Comas (15), Jesús María (18), Los Olivos (16), San Juan de Lurigancho (17), Lince (14), Rímac (20), La Victoria (16), San Martín de Porres (20), Surquillo (16), San Isidro (13), Miraflores (12), Villa María del Triunfo (14), Barranco (12), San Juan de Miraflores (19), San Luis (15).

En esta ocasión la inflación de listas no se debería a la emergencia de independientes, como fue en el pasado, sino más bien a que los partidos se han convertido (siempre hay excepciones como son, por ejemplo, las candidaturas del PPC o de Juntos por el Perú) en vientres de alquiler de los independientes y en maquinarias electorales en función de un candidato. Han pasado a ser, en el mejor de los casos, una suerte de “caza talentos”, es decir a buscar al “mejor candidato” capaz de ganar una elección sin importar su procedencia o posición política e ideológica. Estamos ante lo que se ha llamado la postpolítica o también ante política postsocial y mediática. La democracia deja de ser ciudadana para convertirse puramente en electoral y hasta en un negocio. Fenece la representación política y lo que tenemos es la exhibición, lo que aumenta el poder de los medios de comunicación y de los llamados poderes fácticos.

Por eso, la presencia de los partidos en estas elecciones es una ficción (y adorno) que esconde su enorme debilidad como lo demuestran los casos, por ejemplo, de candidatos sin “partidos” como de Ricardo Belmont (Perú Libertario), Esther Capuñay (UPP), Enrique Cornejo (Democracia Directa), Daniel Urresti (Podemos). También de Jorge Muñoz que de ser alcalde en Miraflores por Somos Perú, esta vez es candidato a la alcaldía metropolitana por Acción Popular (AP). 

Un buen ejemplo de esta época postpolítica y postsocial es Alianza para el Progreso (APP) de César Acuña que siendo un “partido” sin militancia ni dirigentes conocidos es el que más candidatos ha presentado en estas elecciones regionales y locales a nivel nacional: 25 candidatos para gobernadores regionales, es decir, en el 100% de las regiones; 184 candidatos para alcaldes provinciales, que equivale al 93% de las provincias y 1310 candidatos distritales, es decir el 63% de los distritos. Sospecho que la mayoría de candidatos en Lima y regiones son “invitados” del “partido”. No es extraño en este contexto que las elecciones sean para los ciudadanos un simple baile de máscaras. Algo de lo cual se puede prescindir.