Pedro Chávarry divide el Ministerio Público

La división del Ministerio Público llegó a las fiscalías provinciales de Lima que ayer no pudieron pronunciarse sobre la crisis y la corrupción que afecta a la institución.

La división del Ministerio Público llegó a las fiscalías provinciales de Lima que ayer no pudieron pronunciarse sobre la crisis y la corrupción que afecta a la institución.

El fiscal de la Nación, Pedro Gonzalo Chávarry ha dividido el Ministerio Público. Cada día es más evidente que no se trata de una lucha entre Chávarry y el exfiscal de la Nación, Pablo Sánchez Velarde. Lo que hay es el enfrentamiento de dos generaciones, dos formas de ver y sentir el Ministerio Público, en lucha por mantener la independencia y autonomía y enfrentar la corrupción.

Los veteranos respaldan a Pedro Gonzalo Chávarry como fiscal de la Nación. Creen en un Ministerio Público jerárquicamente organizado. Una institución donde el jefe manda y el resto obedece, sin dudas y sin interferencia políticas, de las ONG y de los medios de comunicación, donde la corrupción parece no existir.

Han trabajado y conocen a Chávarry desde que se hacía llamar Gonzalo, porque Pedro es un nombre muy común para alguien que soñaba con encabezar el Ministerio Público.

Reclamo

Los más jóvenes, mayoritarios, quieren cambios urgentes y la salida de Chávarry de la cabeza de la Fiscalía, por destitución del Congreso o vía renuncia. También de los  fiscales supremos, Tomás Gálvez y Víctor Rodríguez.

Los “recién llegados” casi no conocen a Chávarry y lo que les interesa es trabajar con independencia por una institución organizada que los haga sentir orgullosos, donde cada día hay que luchar contra la corrupción.

Ellos creen y ven que hoy el obstáculo para sentirse apreciados por sus familias y la ciudadanía no son los medios, ni las ONG ni los políticos, sino los audios de la corrupción.

Estas dos corrientes iban a medir fuerzas ayer en una Junta Extraordinaria de Fiscales Provinciales de Lima, convocada por su presidenta, Elizabeth Alicia Matute Llaves.

Elizabeth Matute, con una larga trayectoria, convocó la junta el 4 de septiembre para atender el reclamo de “los fiscales jóvenes y  mediáticos del sistema anticorrupción”, pero con un guiño a los veteranos incluyó crear comisiones para plantear soluciones al problema, es decir, “pasear” a los nuevos.

La situación cambió dos días después, cuando los presidentes de las Junta de Fiscales Superiores piden a Chávarry dar un paso al costado y éste responde que no hará nada.

Los jóvenes se radicalizan. Para el lunes 10 era evidente que los fiscales provinciales serían más directos, como los fiscales de Áncash, que sin ambigüedades, piden la renuncia del fiscal de la Nación.

Elizabeth Matute se da cuenta de que no podrá controlar nada. El pequeño sector aprista y los fiscales antiguos presionan por apoyar a Chávarry, bajo el argumento de que la independencia del Ministerio Público, está en peligro.

Suspenso

Acorralada, Matute decide lavarse las manos y se va de licencia. Deja su cargo a Cecilia Vásquez. El martes 11, se hace evidente el sentir de la mayoría de fiscales de Lima, cuando un sector de las fiscalías de lavado de activos lanzan un comunicado pidiendo la salida de Chávarry.

La corriente mayoritaria  plantea reclamar al Congreso que suspenda a Chávarry, Gálvez y Rodríguez y que la fiscal suprema Zoraida Ávalos asuma la Fiscalía de la Nación.

No hay más medias tintas. El miércoles 12, la presidenta interina Cecilia Vásquez suspende la Junta. Alega que ella no sabe para qué es la convocatoria. Las redes internas  explotan.  Los fiscales se sienten engañados, indignados por lo que consideran una burla al Ministerio Público.

El fiscal de la Nación, Pedro Gonzalo Chávarry dice que resiste en el cargo en defensa del Ministerio Público. Pero, sus fiscales no entiende cómo una posición que la población rechaza puede ser beneficiosa para la institución

Te puede interesar

CONTINÚA
LEYENDO