Arequipa: ¿VOTAR O BOTAR…?

Dejando de lado las características peculiares de cada lugar o caso, en los últimos procesos electorales, la gran mayoría, antes que votar en pro de alguien o determinada propuesta, se ha inclinado por el voto en contra de alguien.

Dejando de lado las características peculiares de cada lugar o caso, en los últimos procesos electorales, la gran mayoría, antes que votar en pro de alguien o determinada propuesta, se ha inclinado por el voto en contra de alguien.

César Caro - Sociólogo

Arequipa. Podríamos decir, dejando de lado las características peculiares de cada lugar o caso, que en los últimos procesos electorales, la gran mayoría, antes que votar en pro de alguien o determinada propuesta, se ha inclinado por el voto en contra de alguien al margen de propuestas o condiciones personales, cabiendo precisar, además, que los candidatos en su propaganda —con algunas excepciones—, se ofrecen como si fueran un producto comercial cualquiera, mismos detergentes o dentífricos, sin ofrecer propuestas, diagnósticos o planes de gobierno.

Y esto último, al margen de las condiciones personales que puedan tener, porque estoy seguro que una gran mayoría de los que van a votar o votaron por los distinguidos candidatos tendrían serias dudas para tenerlos, antes que autoridades, como socios en un negocio propio... profesores de sus hijos, compañeros sentimentales suyos o de alguien en su entorno familiar.

La explicación quizá se encuentre, entre otros aspectos, aparte del descrédito total de la clase política tradicional, en que a las grandes mayorías en el sur del Perú, y me atrevo a decir que en todos rincones de nuestra patria, les da lo mismo, en términos populares: elegir a Chana o Juana.  

¡Porque perciben, a la luz de experiencias cercanas, que poco o nada van a mejorar optando, por ejemplo, entre un exitoso empresario, intelectual, profesional o político experto, en contraste con alguien menos preparado, pero con el que se identifican más en sus virtudes y defectos!... Todo ello, en un ambiente social y político en crisis, en el que las mayorías ansían creer en algo o alguien.  

Por ello, es en épocas como la que vivimos que han tenido preeminencia líderes como Mussolini, Hitler y, en la actualidad, Trump, con otros tantos de quienes no se puede negar que tienen apoyo; dado que el demagogo empieza siempre por crear una insatisfacción, que luego se aplica a explotar en beneficio propio… o se gana fáciles laureles prometiendo acabar con la inseguridad y la corrupción, mejorar la educación y la salud, crear puestos de trabajo, etcétera.  

Por ello, impulsada por un sistema económico y político tan contradictorio —que en tanto brinda facilidades y exoneraciones tributarias a las grandes empresas, no garantiza a la gente común el pan de cada día—, la gran mayoría prefiere olvidar la realidad, refugiándose en sentimientos colectivos casi irracionales como el fútbol, las procesiones y las religiones. 

Para finalizar, me permito recomendarles que en una hoja de papel, en una primera columna, escriban: país, región, departamento, pueblo y el nombre de la ciudad que aspiran gobernar. En la segunda: trabajo, tecnología, honradez, capacidad y experiencia. En la tercera: libertad, democracia, integración, descentralización y participación. Y con ellas tendrán la posibilidad de salir del paso, respondiendo, por ejemplo, ante una pregunta difícil: “Nuestra región, con honradez, tendrá mayor democracia”. ¿Fácil no? ¿Acaso no ligó aquello de honradez, tecnología y trabajo?  

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