¿Tren de cercanías… o de lejanías?

Sofia Velasquez
12 Aug. 2018 | 19:59h

Es hora de revisar los dogmas económicos y pensar en fomentar en provincias polos de desarrollo, con base en la descentralización, e incentivos tributarios

César Caro - Sociólogo

En el mensaje a la Nación, el presidente Martín Vizcarra anunció el desarrollo de iniciativas públicas cofinanciadas en tres proyectos de transporte, destacando el denominado Tren de Cercanías en el tramo Lima-Ica, con una inversión calculada en S/ 10 520 millones.

Noticia que deberíamos tomar con pinzas, tanto por las aparentes contradicciones en cuanto al monto de inversión, diseño y rutas, como por lo que puede significar en la práctica su construcción, al propiciar que el macrocentralismo limeño se  amplíe a costa del resto del Perú. Ya está en el Congreso el proyecto de ley que propone declarar de necesidad pública e interés nacional la ejecución del proyecto.

Y como casi siempre ocurre en nuestro país, sobre todo desde que desapareció el Instituto Nacional de Planificación, son pocos, o nadie, quienes se detienen en el análisis de la viabilidad o prejuicios técnicos y económicos de los proyectos. Ya lo escribí y lo repito: lo que interesa es construir. Que lo que se construya funcione o tenga rentabilidad es otro cantar.

Lima y Callao albergan en su ámbito casi el 33.13% de la población total del Perú. Según cifras oficiales, el PBI del Perú a 2016 era de S/ 501.537.469 millones, de los cuales Lima aportaría cerca del 43.89 %, es decir,  S/ 220.140.495 millones. (Arequipa, la región que sigue a Lima en aportes, contribuye según estas estadísticas solo con el 5.92%, es decir, S/ 29.699.703 millones; en tanto que Moquegua aporta  el 1.72 %, equivalente a S/ 8.654.606 millones. Pero precisemos algo: tanto en el caso de Arequipa, como en el de Moquegua, no se considera la producción minera, dado que por disposiciones de la Sunat las empresas declaran en Lima.

¿Se imaginan las dimensiones que tomaría Lima si se construye el Tren de Cercanías?... Me atrevo a augurar que fácilmente, en menos de una década, duplicaría su población y producción, ocasionando que muchos empresarios —por ejemplo, de Tumbes o de Tacna— opten por trasladarse a Lima, donde aparte de estar situado el mayor mercado del Perú, se produciría a menores costos (hoy en día, en muchos casos, se consiguen muebles a menor precio —considerando incluso el flete— en Villa El Salvador, por ejemplo, que en las ciudades fronterizas anteriormente mencionadas).

Problemática que los empresarios moqueguanos están viviendo en la actualidad en carne propia, dado que a pesar de la cercanía —¿o lejanía?— de Quellaveco, no pueden competir con los precios ofertados por las empresas limeñas, las cuales —con justo derecho también— se refugian en las leyes del libre mercado, que limitan los acuerdos de la Mesa de Diálogo. 

Es hora de revisar los dogmas económicos y pensar en fomentar en provincias polos de desarrollo, con base en la descentralización, e incentivos tributarios (a la fecha existen beneficios que se aplican bajo seis modalidades diferentes: la exoneración de impuestos, devolución, deducción, diferimiento, créditos y tasas diferenciadas a ciertas grandes empresas y ciertas universidades).