El Perú que sí lee

(*) Director de la Escuela de Edición de Lima.

(*) Director de la Escuela de Edición de Lima.

Más de medio millón de personas visitaron la FIL 2018, convirtiéndola en el evento cultural más importante del país. Estamos ante el Perú que sí lee: ciudadanos ávidos por contenidos que los sorprendan y los instruyan, interesados en las humanidades, las ciencias y las artes; productivos, emprendedores y curiosos. 

Sin embargo, las cifras plausibles de la FIL no deben eclipsar el adverso panorama del mercado, en el que el índice de ventas de libros, revistas y periódicos en librerías y kioscos se reduce progresivamente año a año.

Más allá de respuestas que podamos hallar en la irrupción de las bitácoras digitales y en la preferencia de los millenials por las nuevas tecnologías –las cuales han desnudado las debilidades del mercado editorial y de los medios de comunicación–, existe sin duda una responsabilidad que debe ser asumida por los miembros de esta cadena productiva. 

¿Qué hacer entonces para que este Perú de lectores crezca? A continuación, algunas sugerencias: 

Estado. Urge una nueva Ley del Libro, ya que la actual vence en octubre y por consiguiente la exoneración del IGV, por lo cual los precios se incrementarían en un 18%. A pesar de este beneficio, recordemos que nuestra FIL palidece en tamaño, asistencia y ventas si la comparamos con eventos similares en países vecinos como Colombia, Argentina y Chile.

Cámara Peruana del Libro (CPL). El gremio privado del sector editorial tiene un gran reto: tener realmente alcance nacional. Actualmente, la CPL solo representa a las empresas limeñas, sin mayor contacto o coordinación con otras entidades en el interior del país, las cuales intentan mantener a flote sus mercados sin mayor apoyo. 

Librerías. Es usual que la cadena de pagos se rompa en este eslabón. Salvo honrosas excepciones, las librerías –y las grandes cadenas de librerías– dilatan en demasía los plazos de pago a las editoriales, sobre todo a las medianas y pequeñas, complicando la salud financiera de estos proveedores e incurriendo en moras sin penalidad. 

Editores. No podemos seguir subestimando al lector. Me refiero a los títulos, desprovistos de cualquier rigor editorial y ajenos a alguna impronta en la calidad del contenido, que se publican a borbotones en la actualidad. Esto sumado al oportunismo mercantil: no todos los temas pueden convertirse en libros, menos aún los provistos meramente de arrastre mediático y farandulero. 

Lectores. Atención, padres de familia: si quieren que sus hijos lean, primero lean ustedes. Los niños aprenden por imitación. Un lector se forma en casa, desde pequeño, intrigado por saber qué es lo que mantiene abstraído a mamá y papá durante una mañana de domingo. Además, hay que devolverle el espacio físico que nuestros abuelos le otorgaron a los libros. Separemos un lugar en la sala para un librero. Así, durante su crecimiento, los más pequeños de la casa estarán en permanente contacto con aquellos objetos de muchas hojas e incontables palabras, de los cuales brota magia. 

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