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Afirmar que la participación de mujeres en política o cualquier otra área debe ser definida solo por meritocracia es desconocer la discriminación histórica a la que las mujeres hemos sido sometidas y que sigue vigente.

12 Ago 2018 | 9:41 h

Afirmar que la participación de mujeres en política o cualquier otra área debe ser definida solo por meritocracia es desconocer la discriminación histórica a la que las mujeres hemos sido sometidas y que sigue vigente.

Más allá de diferencias y coincidencias, las reformas políticas planteadas por el presidente Martín Vizcarra nos dan la oportunidad de debatir temas que sí son de importancia nacional. Uno de los que ha concitado mayor interés es el que plantea una cuota de género de 50/50 en las listas que postularán al parlamento. No tomaré en cuenta los insultos sexistas y misóginos surgidos tras la propuesta porque nada aportan al debate. Sin embargo, creo que algunos de los comentarios que he leído y escuchado sí revelan prejuicio, el machismo arraigado que muchos no queremos reconocer o, por lo menos, desconocimiento de la realidad.

Afirmar que la participación de mujeres en política o cualquier otra área debe ser definida solo por meritocracia es desconocer la discriminación histórica a la que las mujeres hemos sido sometidas y que sigue vigente. ¿Acaso no hemos dado la talla para acceder a más y mejores puestos directivos, cargos públicos o políticos de alto nivel? Entonces, ¿todos estos años de postergación es porque no hemos sumado los méritos necesarios? Basta revisar las estadísticas para darnos cuenta de que en este país (y muchos otros) las mujeres no la tenemos fácil y no es por meritocracia sino por condiciones desiguales y falta de oportunidades.

Según el INEI las mujeres, pese a dedicarle igual o más horas al trabajo, ganamos un 29%  menos que los hombres. Y en lo que concierne a mujeres con formación académica la situación empeora pues la brecha aumenta. Siendo profesionales, con la misma preparación y experiencia, ganamos 40% menos que ellos. ¿Es porque tenemos menos méritos? No, es por discriminación. Sigamos con las estadísticas que resultan irrefutables, si hablamos de cargos de alta dirección en nuestro país apenas el 24% de estos son ocupados por mujeres y si son puestos de segundo nivel llegamos solo a un 35%.

En política la situación tampoco es alentadora. Según las Naciones Unidas a nivel de gobiernos municipales la representación femenina es de 3% y solo una mujer ha sido electa gobernadora en las últimas tres elecciones regionales. Datos del JNE revelan que tras el último proceso electoral municipal solo el 25% de regidores provinciales son mujeres y el 23% son consejeras en todo el país, 28% son regidoras distritales y 2.7% alcaldesas distritales.

¿Quieren más cifras? Aunque por ley ya existe una cuota de género obligatoria para las listas congresales, especialistas señalan que las mujeres son mínimamente convocadas y si  son requeridas las colocan en la segunda mitad de las listas lo que reduce las posibilidades de ser elegidas. Además, las mujeres militantes reciben poca capacitación por parte de sus partidos que, para cumplir la cuota, buscan a aquellas con capacidad económica para enfrentar una campaña o invitan a mujeres populares y mediáticas que no militan. Eso, obviamente, nada tiene que ver con méritos.

Podemos discutir sobre cuál sería el porcentaje que garantice la participación de la mujer en política y qué otras medidas son necesarias para fomentar y fortalecer su presencia. Lo que no deberíamos negar es que establecer una cuota de género con alternancia es indispensable para corregir las brechas históricas que nos impiden competir en igualdad de condiciones y crecer, efectivamente, gracias a nuestros méritos y talentos.

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