El Informante: El gordito feroz, por Ricardo Uceda

Cómo sube y baja la ola que pide la renuncia de Edwin Oviedo a la presidencia de la FPF. Audios y asesinatos. Apuntes sobre una discusión ad portas de la renovación del contrato con Ricardo Gareca.

7 Ago 2018 | 7:30 h

Cómo sube y baja la ola que pide la renuncia de Edwin Oviedo a la presidencia de la FPF. Audios y asesinatos. Apuntes sobre una discusión ad portas de la renovación del contrato con Ricardo Gareca.

En diciembre del 2014, al término de la vapuleada gestión de Manuel Burga, Federico Cúneo, presidente de Sporting Cristal, lanzó su candidatura para conducir la FPF. Proponía un cambio que elevara los niveles de profesionalismo en la gestión. Inicialmente invitó a sus filas a Edwin Oviedo, entonces presidente del Juan Aurich. Pero Oviedo terminó encabezando otra lista con dirigentes provincianos, igualmente con el mensaje de acabar con la improvisación. Ganó e inició un camino verdaderamente reformista. Antes de cumplir treinta días creó una Dirección Deportiva y la encargó a Juan Carlos Oblitas. En marzo del 2015 Ricardo Gareca fue designado técnico de la selección.

Desde el 2015

Oviedo nombró a un grupo consultivo para asesorar un proyecto de modernización. La comisión, encabezada por Gianfranco Castagnola, presidente ejecutivo de Apoyo Consultoría, y conformada entonces por Felipe Cantuarias y Alfonso Grados, entrevistó a varios candidatos y propuso como gerente idóneo a Juan Andrés Matute, hasta entonces uno de los directivos comerciales del BCP. En octubre del 2016, Matute informó a la asamblea avances inéditos en una serie de líneas, enmarcadas en un plan estratégico denominado Centenario 2022. No es necesario desmenuzarlo para esta nota, pues incluso quienes exigen que Oviedo dimita no dejan de reconocer que la FPF, por fin, enrumbó hacia estándares de primer nivel. En el 2016, sin embargo, no todos estaban contentos. Como la selección perdía en las Eliminatorias, el vicepresidente Agustín Lozano declaró: “Si yo fuera Gareca, daría un paso al costado”.

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¿Qué se sabía de las acusaciones contra Edwin Oviedo? Casi todo. Desde agosto del 2015 estaba investigado por la muerte de dos sindicalistas de la azucarera Tumán, durante conflictos laborales. La empresa tenía administradores judiciales propuestos por Oviedo a título de acreedor. La hipótesis del fiscal Juan Carlos Carrasco era que él, el verdadero poder, ordenó los asesinatos. Los miembros del Comité Consultivo pararon las orejas. Pidieron un informe para conocer los fundamentos de la imputación. El informe dijo que estaba siendo involucrado sobre indicios débiles.

Dos unanimidades 

A su vez, los abogados de Oviedo pidieron al fiscal que desarrollara su teoría de que era autor mediato de los crímenes. Señalaba como ejecutores a miembros de un grupo de rompehuelgas, Los Wachiturros. Había testigos de que Oviedo ejercía el control de la empresa –en cuyas instalaciones no se produjeron los hechos– y de que indirectamente propuso empleo a uno de los deudos para, supuestamente, acallarlo. La defensa quiso saber, con arreglo a ley, cómo Oviedo participó en cada crimen.

El 16 de noviembre del 2016, la Sala Penal Nacional de la Corte Suprema ordenó al Ministerio Público detallar sus imputaciones. El 31 de enero, mediante una aclaración, ratificó lo resuelto. Votaron cinco vocales supremos: César Hinostroza, Duberlí Rodríguez, Javier Villa Stein, José Antonio Neyra y el ponente Josué Pariona. En la aclaración ya no firmaron Hinostroza ni Rodríguez. Los reemplazaron Iván Sequeiros y Aldo Figueroa. Con ambos documentos en la mano el presidente de la FPF pudo decir que lo imputaban sin base.

El juez y el gordito

Sin embargo, en Chiclayo declararon inejecutable el fallo de la Corte Suprema y el fiscal Carrasco avanzó hasta formalizar acusación por homicidio y pedir prisión preventiva. La audiencia sobre el encarcelamiento se fijó para el 27 de junio, en pleno Mundial de Fútbol. Ya no fue necesaria porque una juez constitucional, en forma cautelar, suspendió la investigación contra Oviedo hasta decidir el fondo de una Acción de Amparo. No debería sorprender que el resultado se base en lo ya dicho por la Corte Suprema. Así, cuando Oviedo regresó de Rusia estaba judicialmente mejor que cuando partió. De modo que no fue este problema lo que esencialmente disparó la crisis de la FPF. Fue la difusión de audios en los que Oviedo habla con César Hinostroza y Antonio Camayo.

Aunque no demuestran irregularidades, la relación de Oviedo con Hinostroza, la posibilidad de que hubiera más audios entre el juez y “El Gordito”, el despertar de una parte del periodismo respecto de la imputación de asesinato, todo esto en medio de la ola de indignación producida por la corrupción judicial, produjeron alarma en el Comité Consultivo. Sus miembros son consejeros que no pueden estar asociados a escándalos sin perjudicar su imagen profesional. Cuando desertaron, Oviedo les habría dicho que no pensaba renunciar, arguyendo que no había cometido delitos.

Largo proceso

Después renunciaron miembros de otras comisiones, mientras Juan Carlos Oblitas, tras conocer que Oviedo no dimitiría, anunciaba una conferencia de prensa. Comentaristas, periodistas, abogados, dirigentes deportivos, aparecieron en los medios para pedir el apartamiento del presidente de la FPF, a pocas horas de que Ricardo Gareca tomara un avión hacia Lima desde Buenos Aires para negociar su contrato. Se extendió la idea de que si Oviedo no renunciaba, Gareca no se quedaría. La acompañó otra: Gareca solo firmaría si Oblitas se quedaba. En su conferencia de prensa, el Director Deportivo de la FPF no renunció, pero dejó traslucir diferencias con lo que llamó “la administración” (es decir Oviedo y Matute). Si al final del día Gareca renueva será porque tanto Oblitas como Oviedo fueron fundamentales en la negociación. Si no lo hace el pasivo lo cargará Oviedo.

El incidente deja varias conclusiones. Primero, los audios de Oviedo con Hinostroza y Camayo, siendo los detonantes de las renuncias, finalmente no lo desestabilizaron en la medida de que la FPF puede demostrar de que ni le regaló ni le compró entradas al juez. Segundo: Oviedo pudo haber ordenado los asesinatos en Chiclayo pero el proceso judicial demorará un buen tiempo hasta determinarlo.

Cuerdas separadas

Una organización como la FPF no debería tener presidentes imputados de crímenes o fraude. Por lo menos cuando el Ministerio Público, luego de una Investigación Preparatoria, tenga suficientes elementos de convicción como para llevarlo a un juicio penal. Es el caso del candidato a alcalde de Lima Daniel Urresti, acusado de matar a un periodista. La decisión de la Corte Suprema extrajo a Oviedo de esta fase, y por eso la investigación en su caso retrocederá un paso. Tercera conclusión: los enemigos de Oviedo –más los interesados en que se aparte por razones de imagen–, aún no tienen un Plan B para reemplazarlo. Esto obliga a llevar por cuerdas separadas las cuestiones deportivas, como la renovación de Ricardo Gareca, y los cuestionamientos que acarrea la discutible actividad empresarial del presidente de la FPF.

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