#JusticiaParaEyvi

Además de indignarnos en las redes sociales levantando un “hashtag”, #JusticiaParaEyvi, también es posible ensayar soluciones más concretas.

5 Jun 2018 | 6:05 h

Además de indignarnos en las redes sociales levantando un “hashtag”, #JusticiaParaEyvi, también es posible ensayar soluciones más concretas.

El Perú y sus contrates no dejan de llamar la atención del mundo. Al movimiento nacional -con ribetes globales- en el que derivó el drama personal de Paolo Guerrero, prontamente se sumó el indignante final de la joven Eyvi Agreda, que ha mostrado en carne viva la tragedia de ser mujer en un país generoso y canalla, a la vez. Hay miles de formas de combatir la violencia que asecha tenazmente a las mujeres del Perú, pero una que no terminamos de ponderar bien es la tecnológica.

Además de indignarnos en las redes sociales levantando un “hashtag”, #JusticiaParaEyvi, también es posible ensayar soluciones más concretas. Países con culturas altamente machistas como las sociedades musulmanas tienen grados de violencia abrumadores, pero en uno de esos países se está usando una solución tecnológica efectiva.

En 2012 una muchacha de 23 años fue golpeada, violada y finalmente asesinada en un bus en Delhi. El hecho conmovió a una investigadora hindú del MIT- la universidad tecnológica de más prestigio en USA-, y la llevó a desarrollar un sensor que al adherirse a la ropa emite señales que alertan de una agresión y envía un mensaje de texto a la víctima que usa el sensor.

Si la persona no responde en menos de 30 segundos, el sistema se contacta inmediatamente a un número predeterminado (autoridad eficiente o en su defecto de un familiar o amigo) con las coordenadas respectivas. El sistema también contacta al centro de salud más cercano para que auxilie y atestigüe del hecho generando más evidencia legal. Hace poco en Twitter charlaba sobre aplicaciones peruanas exitosas de georeferenciación como “SuSalud Map”.

Tal vez, el equipo que lo desarrolló puede interactuar con el MIT y emular el sensor. Estoy segura de que la ministra respectiva y el presidente Vizcarra pueden abogar con igual éxito al caso de Guerrero, ya no ante la FIFA, sino ante el MIT. Ellos estarían felices.

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