En Choropampa aún se “respira” secuelas del derrame de mercurio

La Republica
Eduardo Gomez

Pobreza, olvido y desolación . El 2 de junio del 2000 se produjo uno de los desastres ambientales más nocivos de la humanidad en centro poblado de Cajamarca. Afectados aún esperan castigo para los responsables.

Edgar Jara. Cajamarca

Dieciocho años después del derrame de 151 kilogramos de mercurio metálico en el centro poblado menor de Choropampa, distrito de San Juan (Cajamarca), por la transportista RANSA —subcontratista que prestaba servicio a minera Yanacocha— en lo que constituyó uno de los desastres ambientales más peligrosos que vivió el país, cambió radicalmente la vida de la población, dejando huellas irreversibles en la salud, sumiéndolos en la pobreza de la cual difícilmente pueden sacudirse. Además, empezó la debacle de la transnacional.

Quienes transitan a diario por ese poblado, paso obligado hacia la costa, tendrán la impresión de que se trata de un pueblo fantasma. Las tradicionales ferias semanales para la compra y venta de productos que se cultivan en la zona no tienen el auge de antaño, donde incluso era parada obligatoria de los transportistas para alimentarse. Ahora prefieren pasar de largo por temor a intoxicarse con los residuos del letal mercurio. 

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Ignoraban

Recién aquel viernes del 2 de junio del año 2000 la población de Cajamarca tomaría nota que la minera Yanacocha producía mercurio como un subproducto de la extracción o refinamiento de oro u otros minerales, cuando un camión de RANSA se despistó en la localidad de Choropampa, derramando 151 kilogramos del metal líquido a lo largo de unos 27 kilómetros de la transitada carretera hacia la costa. 

Al verse descubiertos, altos funcionarios de la minera trataron de sorprender a la población afirmando que se trataba de un brote de alguna enfermedad, cuando empezaron a presentarse los primeros síntomas de la contaminación en las personas de toda edad que tuvieron contacto con las “bolitas brillantes” del mercurio, que lo recogieron en la creencia de que se trataba de algo valioso. 

Durante todo el día los altoparlantes de un circo provinciano invitaban a gozar del espectáculo, pero una población irremediablemente pobre difícilmente podía asistir, cuando de pronto se presentó una posibilidad.

Ante el accidente, trabajadores de Yanacocha incitaron a la población a recoger los restos del mercurio pagándoles de 100 a 300 soles por kilo, sin advertirles del riesgo de hacerlo directamente, sin ninguna protección, cuya inocencia pagarían caro el resto de sus vidas. Más de mil personas resultaron intoxicadas y el circo hizo su negocio redondo.

Los efectos del mercurio en las personas que tuvieron contacto se presentó rápidamente, teniendo que ser evacuados al hospital de Cajamarca ante la incapacidad de la posta de salud de Choropampa para atenderlos.

Yanacocha negocia

A partir de entonces empezó una frenética carrera de negociación de Yanacocha con los afectados, pretendiendo eludir su responsabilidad, ofreciéndoles dinero para cuidar su salud que supuestamente la ministra de la Mujer de entonces, María Luisa Cuculiza, en el mismo lugar de la tragedia, se comprometió a vigilar. No cumplió.

Aprovechándose del dolor e ignorancia de la gente, Yanacocha dejó constancia en cuanto documento suscrito con los afectados, que la entrega de dinero los eximía de toda responsabilidad por lo ocurrido.

En silencio, hoy todavía las víctimas de aquel funesto accidente esperan castigo para los responsables, porque solo se impuso dos años de pena privativa de libertad contra el chofer del fatídico camión de RANSA.

Choropampa con su desgracia a cuestas arrastró a Yanacocha al descrédito y odio de los cajamarquinos, que hoy lamenta y paga las consecuencias. El proyecto Conga es una muestra de ello.