El terruquismo histérico

Rocío Silva Santisteban
14 May 2018 | 14:09 h

A Nancy Madrid no se le atribuye ningún acto que atente contra la vida, el cuerpo y la salud, ni tampoco contra la libertad, seguridad personal y la integridad física de las personas.

Conocí a Nancy Madrid en el Establecimiento Penitenciario Chorrillos Máxima Seguridad como una de las integrantes del Taller de Literatura que dicté durante cinco años. Como me enseñó Pilar Coll, cuando una entra como agente pastoral a una cárcel, nunca pregunta a las presas sobre sus procesos o sentencias. Simplemente plantea los parámetros del curso y exige su cumplimento. 

Nancy Madrid, junto con otras reclusas, asistía con regularidad y participaba de exposiciones, presentaciones, leía poesía y escribía todas las tareas que se le pedían, de tal suerte que las directoras varias de Máxima Seguridad siempre comentaron de su buena conducta. Siempre me pareció una persona cordial, correcta, trabajadora, preocupada por cumplir las normas, flexible para los trabajos en grupo y atenta a las exposiciones de las demás. Cuando yo asistía a las misas del 24 de diciembre me llamó la atención que Nancy Madrid, junto a algunas otras, comulgaba. 

Pilar Coll me comentó que Nancy Madrid había conocido a Peter Cárdenas cuando ella misma hacía trabajo pastoral en las cárceles, que se había enamorado de él y que finalmente había aceptado alquilar una casa. Posteriormente cuando él escapó de la cárcel usó esa casa para diversos fines ilícitos. Lo que explico acá no pretende exculpar a Nancy Madrid del delito que cometió, sino entender la situación de Madrid de cara a la denuncia que Panorama ha presentado el día domingo con una serie de verdades a medias que, en su conjunto, conforman una postverdad: nunca fue administradora del cárceles del pueblo, sí pagó la reparación civil, no es asesora de la congresista Foronda sino asistente, y se ha arrepentido y ha pedido perdón por formar parte del MRTA. 

A Nancy Madrid no se le atribuye ningún acto que atente contra la vida, el cuerpo y la salud, ni tampoco contra la libertad, seguridad personal y la integridad física de las personas. Además, como ella misma en una carta que ha enviado a los medios: “Desde el punto de vista legal nada impide que haya sido contratada. Cumplí mi condena, pagué la reparación civil y he pedido perdón por mi participación en el MRTA”. Madrid ha estado 16 años presa, para los peruanos y peruanas; ¿ha cumplido o no ha cumplido con su sanción? Hoy tiene dos hijos menores de edad y antes de entrar al congreso trabajó con el Padre Chiqui Mantecón en El Agustino.  

Se trata o no se trate de un error político de la congresista María Elena Foronda es algo debatible: precisamente ayer la congresista, junto con los otros miembros del FA, dieron una conferencia de prensa donde, finalmente, presentaron la carta de renuncia de Nancy Madrid a su puesto de asistente. Pero la caza de brujas, la histeria desatada, el terruquismo a más no poder, los aullidos de los troles, los gritos exigiendo el desafuero a Foronda y la convulsión de ciertos periodistas diciendo que no existen los exterroristas, solo demuestran qué hay un ánimo autoritario cuya excusa, el terrorismo, cada vez pesa menos. En una columna he atacado la posición de los congresistas Tucto y Apaza sobre amnistías a terroristas. Pero esta histeria no aporta nada al debate y tiene un hedor dictatorial. Estoy segura que, una vez más, me dirán defensora de terrucos. No lo soy, pero tampoco me callo ante las pataletas antidemocráticas.