Balance del fujimorismo

Martín Tanaka
12 May 2018 | 13:46 h

¿Podrá Keiko consolidar la conducción del fujimorismo por encima de su propio padre, el fundador y gran referente del mismo?

¿Cómo han quedado Keiko Fujimori y Fuerza Popular (FP) después de la votación de la moción de vacancia presidencial, el indulto a Alberto Fujimori, los mamanivideos, la renuncia del presidente Kuczynski, la neutralización de los Avengers y del proyecto de partido Cambio 21, y el nuevo gobierno del presidente Vizcarra? Ciertamente las aguas estuvieron muy agitadas, y en algún momento algunos creyeron ver naufragar el liderazgo de Keiko Fujimori. Ella y FP aparecían golpeados por la imagen de una oposición obstruccionista, que habría dilapidado buena parte del capital político acumulado en los últimos años; muy debilitados internamente, por la disidencia encabezada por Kenji Fujimori, con un estilo de liderazgo y un discurso que parecían tener cierta capacidad de convocatoria; muy seriamente desafiados por el proyecto de un partido fujimorista alternativo, implícitamente alentado por el propio líder histórico, Alberto Fujimori. Keiko aparecía además cuestionada por la imagen de “mala hija”, alejada de su padre por sus ambiciones políticas. 
Todo cambió con los videos: el presidente Kuczynski se vio obligado a renunciar; Fuerza Popular quedó parcialmente “legitimado” en su discurso confrontacional; el aura de los Avengers quedó destrozado; el proyecto de Cambio 21 quedó enterrado, así como la posibilidad de que Alberto Fujimori recupere el liderazgo del fujimorismo. Es más, la principal preocupación de Alberto F. pasó a ser el evitar volver a prisión después de las evidencias de que su indulto fue fruto de una transacción política, y no de consideraciones humanitarias. Finalmente, el nuevo presidente y el nuevo Consejo de Ministros han decidido “pasar la página” de la gestión de Kuczynski, y la acrimonia en el trato entre el poder ejecutivo y la mayoría legislativa parece haber quedado atrás, al menos por el momento. Por supuesto, todo esto tuvo un alto costo. Según Ipsos, el porcentaje de encuestados que aprobó el desempeño de Keiko F. cayó de 30 en enero a 19% en abril, y la desaprobación subió de 65 a 73%. 
En el nuevo contexto, ante la proximidad de las elecciones regionales y municipales, y la necesidad de recomponer las huestes, Fuerza Popular parece haber dejado, al menos por el momento, su actitud hostil. Esto puede cambiar si es que el gobierno de Vizcarra entra en problemas, o si es que el frente judicial genera complicaciones, pero no creemos que al extremo de repetir los eventos que llevaron a la renuncia de Kuczynski; un adelanto de elecciones no parece ser conveniente a los propósitos de Fuerza Popular. 
¿Podrá Keiko consolidar la conducción del fujimorismo por encima de su propio padre, el fundador y gran referente del mismo? La pregunta me recuerda a la llamada paradoja del barco de Teseo: si reemplazas la mayoría o todas las piezas de un viejo barco, ¿sigue siendo el mismo, o es otro? Aún más, ¿si ensamblas las piezas sustituidas, reconstituyes el barco original? Keiko lideró con FP un cambio en el fujimorismo sustituyendo los liderazgos primigenios, y hasta 2016 nadie dudó de que ella era la líder del movimiento. Aún ahora que su liderazgo no parece ser respaldado por su padre, y que este intentó incluso reconstruir el fujimorismo con el proyecto de Cambio 21, Keiko parece haber logrado mantener la conducción del barco del fujimorismo, incluso por encima del propio Alberto. No es poca cosa, pero de cara al 2021 requiere demostrar no solo que puede disciplinar a sus huestes, sino que tiene una idea clara de qué hacer con el país. Y por ese lado, lo que se percibe es no solo orfandad, sino una involución notable.