Lima

Eduardo Dargent
11 M05 2018 | 14:53h

El menú de candidaturas y precandidaturas para Lima no muestra hasta ahora favoritos, lo que cunde es la dispersión y el desconocimiento.

El menú de candidaturas y precandidaturas para Lima no muestra hasta ahora favoritos, lo que cunde es la dispersión y el desconocimiento. Tras varias campañas donde se llegaba a la elección con dos o tres candidaturas fuertes, esta vez tenemos una multiplicidad de opciones con muy baja intención de voto. Ipsos en abril muestra a Renzo Reggiardo (10%), Humberto Lay (10%) y Enrique Cornejo (9%) en la delantera, pero estancados desde noviembre. Luego vienen Ricardo Belmont (6%), Daniel Urresti (5%), Alberto Beingolea (5%) y Jorge Muñoz (3%). Otros once candidatos figuran por debajo. Un 26% de encuestados votaría blanco o viciado, mientras que un 9% está indeciso. 

Tampoco existen identidades partidarias fuertes como para que un candidato de partido parta con clara ventaja. Nuestro grupo político más fuerte es hoy el Fujimorismo, y la verdad dudo que se traduzca en una ventaja de inicio para su candidato Diethel Columbus, lanzado después de la encuesta. Otros grupos tienen incluso menos posibilidad de endosar votos. 

Si todo sigue como hasta ahora, se nos viene una elección bastante preocupante y a la vez interesante. Diría particular, pero más bien será similar al tipo de elecciones que ya vemos en todo el país desde hace tiempo. 
Problemática, pues hay varios candidatos que preocupan por su inexperiencia o relación con intereses particulares. E interesante pues, al no haber favoritos, nos permitirá observar con ayuda de encuestas y otros métodos el peso de diversos recursos y estrategias en la elección. 

Sin favoritos, podremos evaluar el impacto de distintos recursos políticos y estrategias mientras avanza la carrera. ¿Qué características de los candidatos son más valoradas? ¿Qué recursos simbólicos y materiales utilizan en sus campañas? ¿Qué sectores sociales apoyan a qué tipo de candidatos? ¿Cómo se mueven los indecisos? ¿Cuál es el “retorno” de la inversión masiva en publicidad que ya vienen realizando algunas candidaturas? 

Si bien no existe un tipo de candidato “puro” que solo tenga una característica o  privilegie un tipo de estrategia, sí creo posible categorizarlos en base a sus trayectorias y sus campañas. Algunos que cuentan con experiencia de gestión y un perfil más técnico apelaran a un voto más programático para intentar despegar. Su debilidad probablemente esté en no tener recursos materiales o el carisma para llegar a sectores con intereses distintos y menos informados. Sus propuestas pueden verse como lejanas. 
Otros tendrán en los recursos materiales su arma principal, con gastos enormes en publicidad y su cuota de clientelismo. De hecho alguno de los hoy enanos ya están gastando mucho dinero. Por lo mismo, serán poco atractivos para un sector nada despreciable en Lima que teme la incursión de intereses particulares en política. 

Hay quienes ya tienen una trayectoria que explotar. Son las trayectorias políticas de Daniel Urresti, Renzo Reggiardo o Humberto Lay los que creo los pone un poco por delante del resto. El problema es que esa ventaja puede ser desventaja si avanza la carrera sin que despeguen: no podrán explotar la novedad que sí poseen otros candidatos recién conocidos. Están también los conocidos que vienen de fuera de la política, apelando a su trayectoria para mostrarse distintos, como Carlos Álvarez. 

Pero creo que tan interesante como ver la competencia entre candidatos de perfiles distintos será mirar la lucha entre candidatos que se parecen; su necesidad de diferenciarse y presentarse como el más competitivo en sus nichos. ¿Pueden ser Muñoz y Velarde favoritos? Lo veo difícil. ¿Pueden entrar Urresti y Reggiardo entre los favoritos si ambos apelan al tema de la seguridad como marca de campaña? Posible, más si crecen pronto, pero también se ve complicado. 

Un electorado poco informado ira seleccionando al pelotón de favoritos. La ventaja de Lima en comparación con otros espacios electorales es que existen encuestas confiables que permitirán el voto estratégico. Al final seguro nos quedaremos con dos o tres candidatos competitivos, despuntándose del pelotón. Pero el proceso seguro será una lucha de eliminación estilo reality. Un reality que, por la dispersión e improvisación, puede ganar un “buen” candidato que sea un pésimo gobernante.