Keiko Cambio 21

La Republica
Columnista invitado

Luiz Carlos Reátegui Del Águila (*)

Keiko ha recuperado su poder, qué duda cabe. Doblegó a su hermano Kenji, que irónicamente se había convertido en uno de sus más firmes competidores de cara a la elección presidencial del 2021 y lo hizo quedar como un pulpín, como el benjamín que es en la familia Fujimori. Mientras que Kenji está de ida, Keiko está de venida, y todo hace indicar que ahora es una versión corregida y aumentada del dictador de su padre. 

El bajón en las encuestas no le hacen ni cosquillas pues sabe que de manera muy fácil, sin despeinarse ni correr, revertirá la situación en unos pocos meses con estrategias simples pero efectivas: jugar en pared con un antiguo conocido suyo, con el que conversó varias veces y al que incluso lo invitó a participar en su lista antes del 2016, sí, el Presidente Vizcarra que curiosamente ha puesto en el tapete el tema de la bicameralidad, haciéndonos olvidar un poco del escándalo de la firma de la Ley que evita que el congreso con mayoría fujimorista sea fiscalizado y claro, de pasadita, las declaraciones de Jorge Barata que de seguro estarán por darse. 

Keiko y Vizcarra se entenderán muy bien por la “gobernabilidad del país” y porque para ellos “el Perú está primero”. Lo otro es, con la fuerza prepotente del congreso, bloquear electoralmente,  a Guzmán y a Mendoza, que por supuesto no son mansas palomas pero no se les debería obstaculizar la inscripción de sus agrupaciones usando como arma letal la excusa de una reforma electoral.

Y, por último, parte de la estrategia también es dejar crecer hasta cierto punto nomás a la izquierda radical de Antauro y Santos, sembrar el miedo, el terror, para que ella tenga el camino libre y aparezca como la gran salvadora contra los “terrucos” ante la población, que aún tiene secuelas de la pesadilla que significó esa nefasta época. Por obvias razones habrá mucha gente desesperada en votar por su candidatura con tal de que no vuelvan a explotar más coches bombas.

Keiko sabe que ésta es su última oportunidad para ser presidenta en el 2021 y se la está jugando al todo o nada, los medios justifican el fin, ya no tiene margen de error ya que de perder de nuevo una elección presidencial en la puerta del horno como sucedió en las dos elecciones anteriores, quedaría estigmatizada para siempre como la eterna perdedora, la desahuciada política, y a nuestro electorado peruano no le gusta nadita votar por los que pierden, sino, a ganador. 
 

(*) Político y escritor.