"No podemos confiar en las autoridades"

La Republica

Máxima acuña. Sostiene que los políticos siempre prometen defender el agua y la vida, pero no cumplen. Llegó a Arequipa para dar testimonio de su lucha.

Máxima Acuña Atalaya tiene 48 años y ha dedicado su vida a la agricultura en la zona altoandina de Sorochuco, provincia de Celendín, departamento de Cajamarca. Se hizo conocida en el Perú y el extranjero por su férrea resistencia al avance del proyecto Conga, de la mina Yanacocha. Incluso fue merecedora del Premio Medioambiental Goldman otorgado el 18 de abril de 2016.

Ayer esta mujer, que denunció abusos cometidos por esta empresa minera contra ella y su familia, visitó Arequipa para participar de una reunión en apoyo a los agricultores del valle de Tambo (Islay) que se oponen al proyecto Tía María de Southern.

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Su viaje se dio en medio de la renuncia de Pedro Pablo Kuczynski y la asunción de Martín Vizcarra como presidente de la República. Acuña prefirió no pronunciarse sobre lo que espera del nuevo mandatario peruano. Para ella, las autoridades nunca apoyaron al pueblo o a los más necesitados y desconfía de lo que hagan ahora.

"Ya no podemos confiar, porque las autoridades llegan al poder diciendo que van a ver, que van a luchar por la vida, por el futuro, pero cuando llegan al poder no se menciona nada", dijo. 

Su lucha empezó en 2011, cuando la minera reclamó como suyas 24.8 hectáreas que Máxima y su familia compraron a la comunidad de Sorochuco en 1994. La empresa asegura que son los dueños desde 1997. 

"Yo continúo en la lucha porque la empresa no deja de hostigar, de intervenir la propiedad. El acoso sigue. No nos dejan hacer los trabajos cotidianos en el llano del predio, siguen destruyendo los sembríos", acotó.

El objetivo de Yanacocha era extraer oro, plata y cobre ocultos debajo de 4 lagunas (Mala, Chica, Azul y Perol) que rodean los terrenos de Acuña. Para aprovechar los recursos, la empresa propuso traspasar el agua hacia reservorios. Para concretar el proyecto, primero Acuña y su familia tenían que marcharse. 

Los agricultores denunciaron que la minera destruyó sus cultivos, sus precarias viviendas e incluso con participación de la Policía Nacional golpearon a Acuña y a su familia. Su caso pasó a fueros judiciales, donde fue denunciada por usurpación agravada, junto a su familia.

En diciembre de 2014 la Corte de Justicia de Cajamarca la declaró en segunda instancia inocente del delito. 

A pesar de ello, la minera sigue hostigándola, ingresando a sus terrenos y destruyendo sus cultivos. "Dijeron que van a cambiar su actitud, que van a respetar; sin embargo, no se cumple su palabra, por eso nosotros nunca podemos creer", expresó.

Un sector de la población sostiene que Acuña detiene el desarrollo del país y ahuyenta la inversión extranjera. La comunera respondió que su temor es que  destruyan la tierra, dejando solo un desierto en lo que aún son lagunas que abastecen de agua a la población y los animales. 

"Para nosotros no hay desarrollo. Desarrollo será para ellos, que sacan el oro, destruyen nuestra tierra y se van a su país", finalizó. ß