No es una jornada más

El Día Internacional de la Mujer llega este año a un mundo signado por el creciente clamor que denuncia la violencia de género.

8 Mar 2018 | 6:05 h

Desde que en 1977 la Organización de Naciones Unidas instituyó, a nivel global, el Día Internacional de la Mujer (recogiendo la tradición de la lucha femenina, sobre todo a nivel laboral), en todo el planeta se han hecho ceremonias, marchas o actos que procuran realzar esta efeméride. Este año, sin embargo, pasa algo más. Mucho más.

Estamos en un momento cultural-histórico en el cual el silencio frente a la persistente violencia de género se está acabando. En varias partes del mundo, surgen iniciativas como #MeToo (y antes #NiUnaMenos) que comienzan a quebrar la inacción frente a la perversa práctica social, tan escandalosamente instalada, de maltratar a las mujeres.

El acoso, la violación y, en el grado más extremo, el feminicidio son crímenes que ahora tienen al frente no solo a la justicia, que se había mostrado –y se sigue mostrando– ineficaz, sino a un inmenso movimiento ciudadano que ya no está dispuesto a tolerar que esta situación persista. La calle, la sociedad, se está parando frente a estos males.

Podría decirse que esto un signo esperanzador, aunque precisamente irrumpe porque las cifras siguen siendo de espanto. Según la ONU, se estima que el 35% de mujeres, a nivel mundial, ha sufrido violencia física o sexual en algún momento de su vida. En algunos países, esa tasa sube al 70% y, tristemente, nuestro país es uno de ellos.

Los numerosos casos que con frecuencia saltan a los medios e indignan a la ciudadanía son el síntoma de una situación alarmante. De acuerdo a los Centros de Emergencia Mujer, en el 2017 los casos de violencia física, psicológica o sexual ascendieron a 90 mil 317. La mayor parte de víctimas, además, serían mujeres menores de 18 años.

El Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables informó, el año pasado, que serían aproximadamente el 70% del total. Estas cifras hacen que, a nivel de Sudamérica, seamos el segundo país con más alto índice de violaciones. Y en el mundo estaríamos en el tercer lugar, ambas cifras vergonzosas que exigen medidas de urgencia.

En el plano laboral, las cosas tampoco han cambiado sustantivamente. Nuevamente acá tenemos tasas altamente preocupantes. Si bien la Ley 30709 prohíbe la discriminación salarial, actualmente, según las cifras del Instituto Nacional de Estadística e Informática, las mujeres reciben una remuneración que es el 70.3% de lo que reciben los varones.

Se dirá que estos cambios son lentos, que hay que esperar. Pero justamente la irrupción ciudadana global debería ser un aliciente para que las autoridades, y la propia sociedad, cobren conciencia y modifiquen leyes, pero también actitudes, patrones de comportamiento que, día a día, reproducen desde lo cotidiano machismos variopintos.

No se puede olvidar en este día a las mujeres más ninguneadas en la sociedad global. A las más pobres y olvidadas, a las que pasan sus días luchando en campos de refugiados, en comunidades indígenas o campesinas. A las que sufren en zonas de guerra y, como se ha denunciado recientemente, son chantajeadas sexualmente para recibir ayuda.

La CEPAL, por último, reveló que en el 2016 la mitad de los feminicidios del mundo ocurrieron en América Latina, sobre todo en México (7 asesinatos al día), aunque en el Perú la cifra también es alta (100 al año). Por esas víctimas y por todas las mujeres maltratadas, este diario expresa su permanente solidaridad y su demanda de justicia.

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