Un caramelo envenenado

La primera duda es si FP en efecto le dejaría a Vizcarra gobernar mejor que PPK. Dicho de otra forma, ¿cómo haría FP para demostrar su poder en esa nueva circunstancia?

8 Mar 2018 | 6:05 h

Keiko Fujimori ha reclamado con todas sus letras la presidencia de Martín Vizcarra: “Estoy segura que Vizcarra lo haría mejor que PPK”. La convicción confirma que la ex candidata sigue con sangre en el ojo. Pero la frase sirve para hacer algunas preguntas sobre esa hipotética presidencia, que Fuerza Popular está apoyando por adelantado.

La primera duda es si FP en efecto le dejaría a Vizcarra gobernar mejor que PPK. Dicho de otra forma, ¿cómo haría FP para demostrar su poder en esa nueva circunstancia? FP no parece contar con otro recurso que aplicar el peso de su bancada, todavía un número formidable. Eso inevitablemente significaría afectar constantemente los fueros del Ejecutivo.

Debemos suponer que Keiko Fujimori imagina a Vizcarra como un PPK más manso, limitado por la historia de su ascenso al poder. Eso es no comprender la presidencia, y cómo puede actuar sobre las personas. Por lo pronto un Vizcarra más dinámico y eficaz necesitaría márgenes de acción que inevitablemente chocarían con un FP envalentonado por la caída de PPK.

Si Vizcarra quisiera realmente gobernar, es decir no ser un simple virrey de FP, tendría que apoyarse más o menos en el mismo tinglado que hoy usa PPK. Tendría que apoyarse en Kenji Fujimori, con la ventaja de no haber sido él quien indultó al padre. Esto como parte de la búsqueda activa de un espacio amigable en el Congreso.

La raíz del problema político hoy, y de su solución, no es la conducta de una sola persona, sino la manera en que se ha atascado una estructura institucional. Los méritos de Vizcarra, que los tiene, no van a resolver por sí mismos lo que algunos llaman un mal gobierno del Ejecutivo. Simplemente lo pondrían al timón del mismo vehículo que causó la crisis en primer lugar.

La cuestión no es si Vizcarra es mejor que PPK, sino cómo se va a resolver el proceso de demolición del Ejecutivo iniciado por Keiko Fujimori en julio del 2016. Demolición que ya ha contagiado a su propia bancada, y que amenaza extenderse a todo el gremio político. En esa medida el elogio de la ex candidata a Vizcarra en TV es un caramelo envenenado.

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