Yo no, son ellos

No se puede ocultar la ruta del dinero: quién, cómo, a quién, para quién.

2 Mar 2018 | 6:00 h

Las declaraciones desde Brasil de Jorge Barata confirman las investigaciones de la prensa que desde hace por lo menos una década pone luz sobre el incremento del costo de las campañas electorales en base al dinero ilegal o al margen de las reglas vigentes.

Con lo dicho por Barata, y a partir de otros hallazgos de la justicia, ha quedado demostrado que la mayoría de los candidatos presidenciales en los procesos electorales de los años 2006 y 2011 recurrió a formas vedadas o irregulares de financiamiento, en tanto mantenía para las tribunas promesas de honestidad, transparencia y moralidad.

Ahora se puede afirmar que este doble discurso no se quedaba en las campañas electorales; existen incontables evidencias de que el dinero recibido a través de mecanismos oscuros de donantes privados, nacionales o extranjeros fue el inicio o un hito en un proceso de envilecimiento de la acción política, en el gobierno o fuera de él.

Un análisis responsable de este sistema de financiamiento electoral practicado durante años por los políticos que dicen adherir a la democracia, desnudado por la colaboración eficaz, no puede tolerar la respuesta que han ensayado los políticos aludidos por Barata. El discurso basado en que cada cual responde por sí mismo, en boca de quienes gobernaron el Perú, lo gobiernan ahora o intentaron gobernarlo es una lastimosa deserción de su condición de líderes partidarios y una confesión de la falta de entereza política de quienes cuando se trata de ganar el poder hablan en nombre de colectivos y masas, pero cuando se trata de graves acusaciones se acuerdan de su individualidad.

Lo que hoy se discute en el Perú es la esencia de la dádiva electoral proveniente de una empresa, y por esa razón la ruta del dinero es crucial, es decir, quién entregó, cómo, a quién, y para quién. Ninguna defensa improvisada podrá persuadir a la justicia o a la opinión pública que en la trama de esos recursos que fueron entregados para un fin específico y se gastaron –se supone– en ese cometido, solo importa quién lo recibió.

Seguir la ruta del dinero en este caso lleva a descubrir actores que creían haberse escondido para siempre. Luego de 7 años y gracias a la acción de la fiscalía, el país se entera de que el año 2011, la Confiep, que a sí misma se llama el gremio de gremios, se había convertido en la agencia electoral y publicitaria del fujimorismo, convocando donantes, recogiendo aportes, contratando publicidad y llevando a cabo una campaña electoral adosada a los seguidores de Keiko Fujimori. Los 200 mil dólares reportados por Odebrecht solo han destapado una enorme caja de intereses y dinero que fue usado para forzar y torcer la voluntad de los electores.

Que quede claro que lo que se investiga actualmente no solo es el financiamiento electoral e irregular de dos campañas electorales. En el orden del día se encuentra la decencia de sus políticos, su compromiso con el país y sus seguidores, y la coherencia de su discurso. En los tres casos, las cosas van mal para ellos.

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