Discusión clásica

El aumento de la RMV, los apuros del gobierno y las objeciones de siempre.

19 Feb 2018 | 6:05 h

El presidente de la República, Pedro Pablo Kuczynski (PPK), ha pedido que el Consejo Nacional del Trabajo (CNT) evalúe la situación del salario mínimo. Se entiende que este procedimiento será el inicio del aumento de la Remuneración Mínima Vital (RMV).

El anuncio de PPK debe ser visto en el contexto de los problemas de popularidad del gobierno. Por una parte, no puede desconocerse que a finales del año el entonces ministro de Trabajo, Alfonso Grados, dejó abierta la puerta para concretar el alza de la RMV y antes aún el ex titular del MEF Alfredo Thorne situó el incremento en 8% de su valor actual. A pesar de ello, el carácter “inmediato” del pedido de PPK y la mención explícita de haber “ordenado” al Ministerio de Trabajo reunir al CNT –presentándose como un gobernante activo y decidido– vinculan esta iniciativa a los objetivos de encarar la crisis de su gobierno con medidas de cara a las tribunas.

Como siempre, las opiniones se han emplazado en los argumentos conocidos; los empresarios y los economistas afines a la visión neoliberal en contra del alza, y los gremios laborales y los especialistas cercanos al mundo del trabajo, a favor. En esta oportunidad, salvo la mención del ministro de Trabajo, Javier Barreda, sobre que el incremento de la RMV incidirá en el aumento del consumo, el gobierno ha guardado silencio.

Es probable que este silencio tenga relación con la oposición a esta medida en el gabinete, fuertemente influido por el fujimorismo. Habría que recordar que el legislador Miguel Castro, de ese grupo político, calificó la iniciativa de PPK de “irresponsable” debido a que, sostiene, la economía está paralizada, lo que obviamente no es cierto.

El colmo del aislamiento de PPK en su gobierno es la resistencia al aumento de la RMV. El ministro Barreda ha reconocido que en el gabinete se debatió la necesidad de tener un sistema predictible de discusión del incremento de la RMV para que empresarios y trabajadores sepan cuándo se va a discutir y sobre qué indicadores se plantea el incremento o no.

Parece que los opositores al aumento se refugian en los indicadores. Exhiben para ello, y sin ningún rigor, dos de ellos: la combinación de la productividad laboral en el sector que utiliza la mano de obra retribuida con la RMV y la inflación del período que va desde el último ajuste.

Este cálculo es antitécnico e injusto. Sus defensores no pueden explicar cómo se puede encadenar el salario a una productividad que no depende exclusivamente del trabajador, a no ser que se piense en un desempeño laboral previo a la primera revolución industrial, donde el impacto de la tecnología era escaso y los vaivenes de la demanda. En esta visión no es relevante la canasta familiar real, las necesidades básicas insatisfechas, el crecimiento y el atraso histórico del salario en el Perú. Solo habría que recordar que el fujimorismo dejó el país con un salario de 410 soles y 56% de pobreza, y que la RMV del Perú es una de las más bajas de la región, incluso respecto a países cuyo PBI ha crecido menos en los últimos años.

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