Moyano vive pese a SL y la derecha peruana

El problema en el Perú con el tema de la memoria es que gran parte de la gente de derecha la repudia. Y eso se agrava cuando la mayor parte del poder político, económico, y mediático está copado por quienes ven en la memoria algo prescindible y hasta despreciable

El problema en el Perú con el tema de la memoria es que gran parte de la gente de derecha la repudia. Y eso se agrava cuando la mayor parte del poder político, económico, y mediático está copado por quienes ven en la memoria algo prescindible y hasta despreciable

Difícilmente quien ha visto Coco, la última producción de Pixar, no ha sido tocado emocionalmente. La película trata de un niño que quiere ser músico pese a la negativa de su familia, y en el camino debe realizar un viaje al mundo lúdico de los muertos para buscar a quien cree es su abuelo, un célebre músico del que la familia nunca habla porque se presume abandonó a la abuela. Todo esto sucede en el marco de la celebración mexicana del Día de los Muertos, y pronto descubrimos que el tema central de la película es la memoria. La película es una hermosa lección de lo importante que es tener y ejercer memoria para el ser humano. Y es muy valioso que una película dirigida a un público masivo y joven aborde este tema.

Y es que la memoria es una de las facultades que más nos distingue de los animales. La capacidad de mirar y mirarnos en el pasado, de abstraerlo y analizarlo, de constatar su influencia en nuestro presente. Es un imprescindible nexo entre el pasado y presente, nos constituye y aporta continuidad –con nosotros mismos y con nuestra comunidad–, nos da referentes e identidad. Nos permite superar la distancia del tiempo y espacio de quien ya no habita el mundo objetivo, y darle vida, vigencia; traer a presencia los valores que representa y reafirmarnos en ellos; así como compartirlos con las nuevas generaciones.

El problema en el Perú con el tema de la memoria es que gran parte de la gente de derecha la repudia. Y eso se agrava cuando la mayor parte del poder político, económico, y mediático está copado por quienes ven en la memoria algo prescindible y hasta despreciable. Eso nos resta como nación porque limita nuestra capacidad de reproducir, mediante la memoria, aquellos valores a los que aspiramos y rechazar aquellos antivalores que no deben seguir reproduciéndose. Es muy desafortunado que las derechas hegemonicen desde sus espacios de poder la desvalorización de la memoria. Y que toda memoria que gira en torno a valores que los interpela traten de acallarla. Sucedió con las tablas de Sarhua, que no solo fueron desvalorizadas, sino que se acusó a sus autores de ser justo aquello que ellos denunciaban: terroristas y el terrorismo. Las derechas tratan de eliminar todo intento de memoria y de traer a presente las atrocidades cometidas por quienes ellos defienden y justifican. Lo sucedido con las conclusiones de la CVR es otro claro ejemplo. Valores que debieron ser inculcados a las nuevas generaciones (no violencia, justicia, empatía), que debieron estar en los textos escolares hace más de una década porque son parte de nuestra historia e identidad, no han podido ser desplegados a través de la memoria porque las derechas influyentes lo han impedido. Por eso, la lucha por la memoria del país, por los valores que son nuestros referentes, debe ser insistente y persistente. No podemos dejar que los intereses mezquinos de unos pocos le roben la memoria a toda una nación, ni que criminalicen o ideologicen esas memorias de las cuales debemos aprender todos como comunidad aspirante a una sociedad mejor.

En esa línea, creo que debemos hacer un mayor esfuerzo como sociedad por lograr que oficialmente se ponga en valor a la figura ejemplar de María Elena Moyano. El 15 de febrero se cumplieron 26 años de su asesinato por Sendero Luminoso y, si bien en los últimos tiempos hay cada vez una mayor difusión de su vida y valor, no es suficiente. En un país con referentes nacionales contemporáneos casi inexistentes, es incomprensible que no hayamos hecho oficialmente de María Elena lo que representó: un símbolo de compromiso social, de entrega a los demás, de lucha por la equidad de la mujer, por la justicia social, ejemplo de civismo y de coraje. María Elena, dirigenta de izquierda que llegó a ser tenienta alcaldesa del pujante Villa El Salvador, no tuvo miedo de hablarle de frente a la corrupción política, igual que a las huestes asesinas de Sendero. Era una amenaza enorme para los terroristas porque ella era de izquierda y, sin embargo, su repudio a la violencia de Sendero era explícito en sus multitudinarios mítines. Por eso la asesinaron a balazos y dinamitaron su cuerpo como queriendo desaparecerla. Pero María Elena vive cada vez que la traemos a memoria y traemos al presente los valores que encarnaba y que compartimos. Por eso es importante que hagamos más esfuerzos en lograr que se le reconozca como símbolo nacional. Debemos luchar contra la discriminación ideológica y clasista de nuestras élites políticas y darle a María Elena la dimensión nacional, oficial y transgeneracional que merece, y que nosotros como nación merecemos. Trabajemos por un 15 de febrero oficial Día de María Elena Moyano y contra la violencia. Es nuestro deber.

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