Álvaro Vargas Llosa: “Lo que hizo Kuczynski es una componenda infame y desleal”

La Republica

Álvaro Vargas Llosa. Periodista y escritor. Sus dos últimos libros se titulan Inmigración, civilización y América y Príncipes del valor.

En la siguiente entrevista, el periodista y escritor Álvaro Vargas Llosa repasa y comenta con La República la coyuntura política. Sostiene que el presidente Pedro Pablo Kuczynski cometió un acto de "traición" con sus electores al indultar a Alberto Fujimori.

¿Considera que el indulto humanitario concedido por el presidente Pedro Pablo Kuczynski a favor de Alberto Fujimori es una traición?

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Sin ninguna duda. Ha traicionado a los electores con quienes se comprometió a no hacer lo que hizo. También ha traicionado a un sector del país que optó por él, antes que por cualquier otra consideración, para defender la institucionalidad democrática. En la segunda vuelta, como otras veces, el país se vio en una disyuntiva complicada y difícil. Veíamos en Kuczynski, yo incluido, a la persona que podía defender mejor a las instituciones de la democracia.

¿Y no fue así?

En el momento que se planteó la vacancia, que muchos interpretamos como una operación con cierto tufillo golpista, varias personas salimos, incómodas, a defender su mandato aunque nos pareciera que obró mal cuando fue ministro Y de la noche a la mañana, una vez resuelto el trámite, apuñaló al país por la espalda y liberó a Fujimori a través de una componenda política y dejó a una gran parte del país en una posición desamparada. Por eso la reacción airada y justificada de mucha gente y la respuesta internacional unánime.

¿Le queda claro que hubo una componenda?

Es evidente que Kuczynski contaba con los votos (de parte del fujimorismo) en el mismo momento en que le decía al sector democrático del país –que lo había llevado al poder– que había comprendido sus graves errores. Hay un doble juego que resulta desconcertante en cualquier gobernante, pero sobre todo en uno que debe su cargo a una gran movilización democrática. Es más: sin ella ni siquiera hubiera podido salvar su pellejo en la vacancia, porque más (congresistas) hubieran votado contra él. Por todos lados, por donde se mire, lo que hizo Kuczynski es una componenda infame, desleal con la democracia y con el mandato que recibió del pueblo peruano.

El presidente se salvó con los votos de un sector disidente liderado por Kenji Fujimori. ¿Cree posible que en el futuro veamos a dos fujimorismos en competencia electoral?

Parece, en el corto plazo, que hay una división interna. Pero quienes defendemos a la democracia no debemos confiar en que eso va a resolver el grave problema. Esas diferencias van a ser superadas porque (los fujimoristas) entienden que están en una posición de dominar muchas instancias del poder, e incluso el proceso electoral.

Pero el enfrentamiento es real. ¿O no lo considera así?

En cualquier agrupación hay luchas de poder, sobre todo en las que no tienen ideas ni un proyecto de país. Es una simple lucha de una organización que solo existe para el abuso y dominio de las instituciones. Puede verse como algo descarnado, sin embargo, en última instancia, saben que tienen mucho más por ganar unidos que separados. No van a poner en peligro el poder. Si tienen la posibilidad de avasallar desde el Congreso, de hacerle la vida imposible al fiscal José Domingo Pérez, de presionar al Tribunal Constitucional y a medios de comunicación, no van a renunciar a eso por sus pugnas.

¿Juntos? ¿Kenji con Keiko?

No sé si juntos o uno desplazando al otro avalado por el padre. Eso ya es más difícil de pronosticar. Pero sí veo al fujimorismo como una sociedad, por no decir una mafia, que busca el control total. De inmediato su posición es ideal porque tienen mucho poder sin el desgaste que supone el ejercicio del Ejecutivo.

¿Qué piensa de Kenji?

Sería la última persona en el mundo que cuestione lo que haría un hijo por liberar a su padre de la cárcel. Hay que tener el mayor respeto por el espacio privado. No se puede objetar que haga lo indecible por su familia. Pero el fujimorismo es el fujimorismo. Lo real es que tenemos libre una persona condenada por robar y violar derechos humanos y en capacidad de tomar posiciones con respecto a una organización cuya conducta es cualquier cosa menos leal con la democracia.

¿Qué papel cree que interpretará Alberto Fujimori?

Imagino que uno importante porque es una persona fría, calculadora y consciente de sus propios intereses como para entender que la lucha fratricida debe llegar hasta cierto punto y no más allá.

El gobierno imaginaba que el indulto daría paso a una nueva etapa, menos conflictiva. Un poco ingenuo, ¿no?

Si la situación hubiese sido otra, si el país hubiese comprobado que el señor Fujimori está en una situación grave, terminal, hubiera habido tolerancia. Es evidente, sin embargo, que esa no es la situación, que lo que hay son achaques propios de la edad y que está en perfectas condiciones de despachar con su gente, como lo ha estado haciendo todos estos años. El solo hecho de que a punta de teléfonos consiguiera los votos que necesitaba Kuczynski da una idea de hasta qué punto sigue siendo un operador político. Todo eso hace inconstitucional al indulto, no solo para los tribunales peruanos sino también para el sistema interamericano, y eso lo veremos en las siguientes semanas.

La presidenta del Consejo de Ministros, Mercedes Aráoz, ya adelantó que la Constitución peruana debe prevalecer frente a lo que pueda decir la Corte IDH.

¿Cómo es posible que una primera ministra se atreva a decir, en pleno siglo XXI, que si la decisión de una instancia internacional como la Corte fuera contra el gobierno peruano, ella la desacataría? Es exactamente al revés.

¿No es acaso una declaración que recuerda al fujimorismo de los noventa?

Exactamente. Y al chavismo. Deberían avergonzarse porque ellos, se supone, son un gobierno antichavista. Creo que nadie le ha explicado las implicancias tremendas de la tontería que ha dicho. Pero hay un agravante: se ha dejado planeando sobre la sociedad la figura de la traición, de la felonía. No hay que olvidar lo siguiente: desde hace casi dos décadas los demócratas han derrotado al fujimorismo en todas las líneas e instancias. En las ocasiones en las que se planteó una lucha entre el sector democrático y el fujimorismo, este fue derrotado. Desde el 2001 no gana una sola batalla.

Bueno, la del indulto sí la ganó. Eso está claro.

Ahora se ha producido una derrota pero no en buena lid, sino porque el presidente electo por el sector democrático se dio media vuelta y clavó un puñal por la espalda. ¿Cómo se va a reconciliar a nadie de esa forma? Al revés, se solivianta a la gente y se genera desconfianza.

¿Usted refiere hablar de un sector democrático en vez de antifujimorismo?

Si respondo desde lo que yo deseo, prefiero hablar del ‘sector democrático’. Desde un análisis objetivo, no se puede negar que el antifujimorismo existe. No es posible pensar en serio sobre la vida política peruana de los últimos 25 años si no se reconoce la existencia del antifujimorismo, exactamente como antes, en buena parte del siglo xx, existió el antiaprismo. Puede sonar intolerante pero existe en la medida que es una movilización constante contra los enemigos del Estado de derecho. Ahora, la gran fuerza del sector democrático es su mayor debilidad.

¿Cuál es esa debilidad?

Gracias a que en ese sector democrático hemos coincidido desde liberales hasta la izquierda, pasando por un pequeño sector de centroderecha, ha sido posible construir algo importante desde el punto de vista numérico. Sin embargo, por expresar corrientes tan diversas no hemos sido capaces de producir un buen gobierno, de reunirnos en torno a un líder y una agenda comunes. Para mí, la mejor candidata con diferencia de la última campaña fue Verónika Mendoza, pero cuando la oigo hablar de Venezuela o del rol de la empresa privada me siento preocupado y distante. Seguro ella siente lo mismo cuando escucha hablar a liberales.

Es verdad que no se han producido buenos gobiernos. Lo peor es que los responsables de esos gobiernos enfrentan graves cargos por corrupción. Al final, el argumento del estilo “todos somos corruptos” se impone entre la gente.

Ellos tienen una enorme responsabilidad en que el fujimorismo mantenga su importante nivel de respaldo popular. El comportamiento de Toledo entraña una responsabilidad muy grande. Es muy indignante que una persona que encarnó lo mejor del Perú, que se agigantó ante la historia, termine en un fiasco. Es una tragedia que todo eso haya acabado en podredumbre moral y corrupción, dándole a un sector del país dubitativo armas para pensar que, al final, todos son iguales. El fujimorismo ha usado astutamente ese argumento. Por eso me indigné mucho también cuando Nadine Heredia empezó a coquetear con la idea de cambiar la ley y ser candidata.

Usted llamó a votar por Ollanta Humala.

Sí, por supuesto, claro que sí, pero desde el primer día empecé a marcar distancia cuando vi ese tipo de gestos y comprendí que, una vez más, estábamos enviando a la sociedad un mensaje equivocado. Y no se diga nada del Apra, que como todos sabemos tiene una relación altamente alérgica con la moral pública y ha contribuido también a devaluar al sector democrático. Por eso, que aún así la movilización democrática fuera capaz de derrotar al fujimorismo en segunda vuelta y poner a un presidente sin arraigo popular como Kuczynski, es poco menos que un milagro.

Claro, pero no sé cuántas decepciones más pueden soportarse.

Exacto. Si seguimos infligiendo a decepción tras decepción, no nos engañemos, el fujimorismo pueda triunfar mañana. Quiero creer que en el sector democrático entenderemos que tenemos que estar unidos.

¿Sugiere una candidatura única para el 2021?

No llegaría a tanto. Sí debe mantenerse un enorme nivel de diálogo y coordinación, mucho mayor que el de ahora, dada la situación de emergencia para resistir el avance del fujimorismo, principalmente en los medios de comunicación y en el Poder Judicial.

¿Diría que la transición democrática fracasó?

¿Fracasó? No. Todavía tenemos democracia y hay espacios de libertad con un Estado de derecho que existe, aunque golpeado. Lo que sí, debemos reaccionar entendiendo lo siguiente: no tenemos un aliado en la presidencia. Al menos con Toledo y Humala sabíamos que no teníamos en ellos adversarios de la democracia potencialmente aliados del fujimorismo. Ahora sí hay eso y es mucho más grave.

¿El Perú necesita un gobierno más de izquierda o más de derecha?

Necesita un gobierno liberal. El liberalismo tiene elementos de derecha y de izquierda. No hablo de un liberalismo fanático porque es imposible imponer una agenda.

Cuando usted o su padre critican al fujimorismo, hay un sector que señala que esto es así porque la herida de 1990 no ha cerrado. ¿Respira por la herida cuando opina?

Ese es un chantaje que consiste en decir: o te callas o te acuso de eso. Es una forma de exorcismo, si quiere llevarlo al extremo. Yo no puedo aceptar ese chantaje porque sería renunciar como ciudadano a la defensa de los valores en los que creo. Si no se hubiera producido un golpe de Estado, jamás habríamos tomado la actitud que tomamos. Pero desde que se crean escuadrones de la muerte, se roba y mata de manera sistemática, ¿qué se hace frente a eso? ¿Hay que callarse para no ser acusado de respirar por la herida? ¿O se defienden convicciones? No estoy dispuesto a callarme.

¿Usted no tiene ninguna deuda pendiente con el fujimorismo?

No, ninguna. Es más, para mí hubiese sido ideal, pensando en la democracia peruana, que el fujimorismo hubiera superado la dinastía de los Fujimori y se hubiera institucionalizado y convertido en un partido de centro derecha y jugara lealmente el juego democrático, tal como ha ocurrido con la izquierda. Si eso hubiera ocurrido yo hubiese sido el primero en aplaudir. El país no puede pasarse la vida en confrontaciones de esta naturaleza. Es imposible el desarrollo si una mitad está enfrentada a la otra. ¿Pero cuál es la alternativa? ¿Quedarse de brazos cruzados y que nos tarde 20 años volver a sacárnoslos de encima? No. Eso sería inmoral, ¿no es verdad?

“Considero que mi padre hubiese sido un buen presidente”

¿No le parece que Fuerza Popular es un esfuerzo por institucionalizar al fujimorismo y hacerlo jugar bajo las reglas democráticas?

Esa impresión podría darse, hasta que vimos lo que pasó en el último año y medio. Fue una oposición desleal, con una política sistemática de acoso y derribo, de captura institucional. El fujimorismo ha dado razones suficientes para sentir que sigue siendo una gran amenaza.

¿Su padre hubiese sido un buen presidente?

En términos puramente políticos, considero que mi padre hubiese sido un buen presidente. Pero él no era propiamente una figura política, sino una figura prestada al mundo de la política. Habríamos tenido una democracia ininterrumpida y posiblemente nuestra vida política sería mucho más sana, con un país mucho más distinto. No digo que eso hubiera garantizado el desarrollo a corto plazo, porque es un proceso lento.

¿Admira a alguien en la política nacional?

¿Qué hay admirable en la política peruana? La evolución de Víctor Raúl Haya de la Torre, quizás, que pasó de una juventud cercana al marxismo a posiciones más socialdemócratas.

¿Fernando Belaunde?

De él hay que rescatar su compromiso ético y su respeto por la democracia, pero al mismo tiempo era alguien muy desfasado del tiempo que le tocó vivir y gobernar. La sociedad peruana en general ha estado dos pasos por delante de su clase política. Y esa es una de las grandes tragedias del Perú moderno.

Si la segunda vuelta de las últimas elecciones hubiese sido entre Keiko Fujimori y Verónika Mendoza, ¿qué habría hecho un liberal como usted? ¿Votar por Mendoza?

Posiblemente. Tendría que haber estado totalmente convencido de que ella entiende la democracia en el mismo sentido que la entiendo yo. Hay que reconocerle el enorme valor que tuvo en salir a defender la candidatura de Kuczynski en la segunda vuelta. Defender a alguien como él, siendo de izquierda, implica tomar un gran riesgo político.