Sin alertas ni satélites

Roberto Ochoa
16 Ene 2018 | 13:16 h

El Dr. Hernando Tavera es un científico de prestigio internacional y una autoridad en temas de seísmos. Pero como director del Instituto Geofísico del Perú (IGP) tuvo que interrumpir sus investigaciones para maquillar el papelón de la administración Kuczynski en su tardía reacción luego del terremoto de Caravelí.

Los peruanos nos enteramos de la magnitud y epicentro del terremoto gracias a portales de internet de Chile y de EEUU. Y miles de veraneantes y damnificados no pudieron dormir esperando alguna alerta oficial advirtiendo o desmintiendo un tsunami.

Horas después, Tavera reconoció que su institución envió la información pero que falló el servidor del IGP. Y tuvo el valor de reconocer frente a los micrófonos de RPP que, a diferencia de Japón o Chile, el Perú no cuenta con un sistema satelital para lanzar alertas.

La pregunta de rigor es ¿para qué sirve entonces el satélite peruano administrado por los militares de la pomposa Agencia Espacial Peruana (Conida)?

Humala se empecinó en comprar un satélite francés y hasta declaró secreta su adquisición. Tanto secretismo prometía más de una granjería. El Perú pagó 200 millones de dólares por un satélite que fue presentado como “el más sofisticado de América Latina” (Ollanta dixit). Pero no sirvió para el reciente Niño Tardío y ahora sabemos que tampoco sirve para las alertas sísmicas. Y eso que se trata de dos fenómenos trágicamente frecuentes en el Perú.

En Chile se instaló un sistema de alerta temprana desde el 2011 previa convocatoria directa a las empresas proveedoras. Aquí se realizó la convocatoria en el 2013 pero en las propuestas intervienen estudios de abogados locales. Estamos en el 2018 y seguimos sin alerta.

Para el próximo terremoto o diluvio sólo nos queda rezar y confiar en la información inmediata que nos mandarán los chilenos y los gringos.