La negra Navidad de PPK

¿Qué porvenir espera a un presidente que regala a sus conciudadanos la peor Navidad de su vida? La pregunta es pertinente para juzgar el futuro de Pedro Pablo Kuczynski luego de la traición a sus electores. La amnistía a Alberto Fujimori fue una emboscada perpetrada tras de las encubridoras declaraciones de su vicepresidenta y primera ministra Mercedes Aráoz, del día 21: “En el gobierno de @ppkamigo los indultos, cualquiera sean estos, NO SE NEGOCIAN.”

Dante Alighieri reservó, en ese inmenso tratado moral que es La Divina Comedia, el noveno círculo del infierno a los culpables de malicia y fraude. En su primera fosa, llamada la Caína, en recuerdo de Caín, colocó a los traidores. Así valora la ética occidental y cristiana a los traidores.

PPK otorgó el indulto a un condenado por asesinato, calificado como delito de lesa humanidad en la misma sentencia, corrupción, robo, interceptación telefónica, compra de parlamentarios y de la línea editorial de periódicos y canales de TV para reelegirse. Al indulto, PPK añadió una gracia presidencial, que es una especie de indulto por adelantado, que perdona un delito de Fujimori, que es materia de un juicio en curso, por el asesinato de los campesinos de Pativilca por el grupo Colina.

PPK añadió a su felonía la ruindad de perpetrar su emboscada contra la democracia cinco horas antes de la Nochebuena, bajo el cálculo de que podría aprovechar que los ciudadanos estaban ocupados festejando la Navidad en familia. Pero la inmediata respuesta a su vileza en las calles ha mostrado lo errado de sus cálculos. Su maniobra ha indignado aún más a los ciudadanos. El indulto es especialmente una bofetada para los familiares de los asesinados por la dictadura fujimorista, que ven nuevamente burlado su derecho a la justicia.

El indulto provocó la inmediata renuncia de dos de los parlamentarios de PPK, Alberto de Belaunde y Vicente Zeballos, vocero de la bancada, quien ha puntualizado que no fueron consultados. PPK ha quedado con apenas 16 congresistas. Roger Rodríguez, titular de Derechos Humanos del Ministerio de Justicia ha presentado su renuncia irrevocable, declarando que las razones médicas aducidas para justificar el indulto carecen de verosimilitud. Rodríguez sabe de qué habla, pues fue miembro del Comité de Gracias Presidenciales el año 2013 y en esa condición fue testigo presencial de cómo Fujimori intentó manipular la realidad para ejecutar la misma maniobra que ha perpetrado ahora con la complicidad de PPK: alegar un grave problema de salud. El eminente oncólogo Elmer Huertas acaba de desbaratar la cortada clínica sobre la cual se ampara el indulto.

La enérgica condena de quienes defendieron a PPK de la vacancia, especialmente de su abogado defensor, Alberto Borea, y de Pedro Cateriano, que afirman que en ningún momento PPK les habló de un posible indulto, fue seguida por la de los principales líderes políticos del país, que han testimoniado su tajante distancia con el presidente. Políticamente hablando PPK es hoy un apestado.

En plena Nochebuena miles de ciudadanos dejaron sus hogares para marchar protestando en Lima, Tacna, Cusco, Chimbote, Ayacucho, Arequipa. Para hoy (escribo en la mañana del 25) se anuncian nuevas movilizaciones. En las redes sociales arde la indignación, y los calificativos (de los cuales los más comedidos son cobarde, traidor y felón) muestran una total pérdida de respeto por el presidente y el hundimiento de la legitimidad que le quedaba para gobernar.

La respuesta de PPK a la protesta ciudadana ha sido la represión policial. Hanna Arendt recuerda que el ejercicio del poder combina consenso y represión; a medida que el primero se extingue crece la segunda; y al final se necesita sacar a los soldados a la calle.

El indulto a Fujimori no ha solucionado ninguna crisis, ni va a motivar “reconciliación nacional” alguna. Por el contrario, ha agudizado los conflictos y abierto un escenario muy complejo en que lo último que interesa es el destino de Pedro Pablo Kuczynski, que previsiblemente el desarrollo de la investigación sobre los vínculos de Odebrecht convertirá en un problema policial. Basta juzgar qué valor se le puede otorgar ahora a sus protestas de inocencia. Interesa muchísimo más cómo la liberación de Alberto Fujimori va a impactar en la nebulosa fujimorista. Volveremos sobre eso.

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