¿Nacidos para gobernar?

Redaccionlr

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23 Oct 2017 | 18:00 h

El censo y los evangélicos peruanos. Mucho más que un quince por ciento de la población. Una Iglesia busca fundar un partido político. Primer afectado, Fuerza Popular. Lo que se celebra el 31 de octubre.

¿Qué estimación del número de peruanos evangélicos arrojará el censo? El dato está adquiriendo mayor trascendencia política que religiosa. Por un lado, porque hay un aumento de número y predicamento de las iglesias evangélicas. Por otra parte, porque su influencia política se acrecienta notablemente. No deberá sorprender que próximamente un movimiento evangélico se proponga ganar el gobierno a través de elecciones. Por ahora su aliado político es Fuerza Popular, pero esto podría cambiar.

Según los Censos Nacionales del 2007, 2.6 millones de peruanos profesaban la religión evangélica, es decir, el 12.5% de la población censada de más de doce años de edad. Los católicos eran 17 millones, el 81.3%. Respecto del censo del 2002, los primeros habían crecido 5.7 puntos porcentuales y los segundos disminuido 7.7. Ahora mismo la población evangélica podría estar alrededor del 15% o más. Es la proporción que encontró, en julio del 2014, un estudio de opinión pública de CPI, de alcance nacional, sobre la religión de los peruanos.

POCOS POLÍTICOS

El cambio de mayor significación, sin embargo, se ha dado en la composición y actitud de la dirigencia religiosa. La primera corriente evangélica llegó al Perú con quienes estaban influidos por la Reforma protestante del Siglo XVI, y sembraron colegios emblemáticos: el Anglo Peruano en Lima (San Andrés), el Andino en Huancayo, el Internacional en Arequipa. Iglesias con esta tradición son la Metodista, la Presbiteriana, la Anglicana. Una segunda influencia vino de movimientos surgidos principalmente en los Estados Unidos. Despiertan, a través de una predicación poderosa, un fervor religioso, que puede suscitar culpa personal y ansias de salvación en Cristo. Ejemplos son la Alianza Cristiana y Misionera, las iglesias Evangélica y Bautista, los Nazarenos, Los Peregrinos. Cada una trajo unos pocos políticos.

De la primera corriente cabe recordar al constituyente por el APRA Pedro Arana, a fines de los años ochenta. De la segunda, el pastor bautista Carlos García y García, acompañante de Alberto Fujimori en la fórmula presidencial de 1990. Cuando García y García postuló, ya había cobrado fuerza una tercera corriente: la de las iglesias carismático-pentecostales Megaiglesias tipo el Movimiento Misionero Mundial, capaces de reunir más de mil personas en un templo y a decenas de miles en ámbitos públicos. En el Perú, como parte de un fenómeno internacional, esta tercera corriente barrió con las dos primeras.

PROPIOS Y EXTRAÑOS

Pese a que Carlos García y García tenía una influencia limitada en el universo evangélico peruano, todas las corrientes votaron por él, y fue muy importante para la victoria de Fujimori hace 27 años. Le aportó buena parte del voto rural, obtenido puerta por puerta, que es el estilo arrollador de los evangélicos de la tercera tendencia. Como se sabe, este pastor fue marginado completamente del gobierno. Murió en 2016. Pero el fujimorismo volvió a recibir un apoyo decisivo de los evangélicos en 2016, cuando perdió el gobierno por muy pocos votos. Otra vez fue el estilo puerta por puerta y un gran esfuerzo en el ámbito rural. Pero en esta ocasión los apoyadores tenían una agenda política detrás.

Es una plataforma pro vida (no al aborto), y pro familia (no al matrimonio gay). Hay un dinámico grupo de parlamentarios evangélicos fujimoristas que se encargan de la campaña política y legislativa que sirve a la agenda. A diferencia de años anteriores, ahora existen representantes evangélicos en todas las bancadas que llevan agua para el mismo molino. Julio Rosas en Alianza para el Progreso, y Moisés Guía, de Peruanos por el Kambio, están más vinculados al programa de sus iglesias que al de las agrupaciones que los llevaron al Congreso.

CORRIENTE MAYOR

−Sí les aseguro algo: somos mayoría en el Congreso –dijo el parlamentario evangélico José Linares, de Fuerza Popular, el 8 de septiembre, en un acto público para anunciar la censura de la ministra de Educación Marilú Martens. Aún no había sido oficializada la postura de Fuerza Popular al respecto. Su discurso se refería solo al poder de voto del partido oficialista, que es obviamente mayoritario. Aludía al poder de la agenda evangélica.

En el Congreso las manifestaciones están a la vista. Hace pocos días aprobó, con 65 votos a favor, siete en contra y cuatro abstenciones, crear el Día Nacional de las Iglesias Evangélicas. La primera celebración será el 31 de octubre, la próxima semana, de manera simultánea con el Día de la Canción Criolla y el Halloween. Fue sustentado por María Melgarejo Páucar, presidenta de la Comisión de Cultura, donde se aprobó previamente. Como si se tratara de un asunto menor, Fuerza Popular intentó, sin éxito, que fuera exonerado de debate. Pero una vez en el pleno, el tema solo mereció una ligera discusión. ¿Por qué un Estado laico debe comprometerse con la exaltación de una fe determinada, cuando justamente debiera ir desmontando privilegios –contrarios al espíritu constitucional– que tiene la Iglesia Católica? Podría argüirse, sin embargo, que el Congreso expide días conmemorativos sin ton ni son. Uno más, qué importa.

NACE UN CANDIDATO

La incursión evangélica con nombre propio en la política peruana puede dar sorpresas mayúsculas. Se produciría un fenómeno migratorio desde Fuerza Popular hacia las candidaturas de la religión. Como es obvio, el resto de organizaciones también se verá afectado. Ningún partido político, salvo Sendero Luminoso, trabaja en los sectores C, D y E, como los evangélicos. Más allá de las propuestas hacia la gente, esta es una ventaja incomparable. Hay una iglesia por cada dos manzanas de un barrio marginal y allí ocurren por lo menos dos reuniones por semana. Esta iglesia es una casa común, porque para estos cristianos, no se necesitan intermediarios para hablarle directamente a Dios. Mi iglesia puede ser mi propia casa.

El 17 de octubre, el diario La Industria de Trujillo reveló que un conjunto de grupos religiosos liderados por la Iglesia Cristiana Mundial El Aposento Alto, organizan la creación de un partido político para participar en las elecciones presidenciales del 2021. Alberto Santana, fundador de El Aposento Alto, estuvo el fin de semana en la ciudad, juramentando comités, ofreciendo conferencias y discutiendo detalles de la formación del nuevo proyecto político. Para Santana, de 56 años, el homosexualismo es una aberración que puede ser curada. Fue uno de los promotores de la campaña “Con mis hijos no te metas” y apoyó a Fuerza Popular en las elecciones pasadas, pero bailará con pañuelo propio en las próximas. Su partido se llama “Perú, Nación Poderosa”, pero más llamativo fue el título de uno de sus seminarios de liderazgo: Nacidos para gobernar.