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Niñez robada

Patricia Montero

Ariana e Ivana son dos pequeñas niñas que concentran todas mis ilusiones pero no pude dejar de pensar, con cierta angustia, que aún el mundo es un lugar peligroso y terriblemente desigual para ellas. En estos días de violencia y la increíble naturalidad con la que muchos la justifican me ha conmovido, sobre todo, el hecho de que millones de niñas inicien, cada vez más temprano, su sexualidad y maternidad, forzadas a matrimonios y uniones que son, en muchos casos, mecanismos para sobrevivir a la pobreza, trayendo como consecuencia el embarazo prematuro y el aislamiento social.

Según la organización Plan Internacional, los matrimonios forzados infantiles y las uniones tempranas son una práctica extendida en América Latina y el Caribe porque existen elementos que la naturalizan siendo más vulnerables las niñas pobres de zonas rurales. En 2013 un estudio de la UNFPA revela que un 18% de mujeres se embarazó antes de los 18 años y antes de los 15 un 2%. En el Perú, ENDES (encuesta del INEI) señala que el 67% de las mujeres tuvo su primera unión conyugal antes de los 21 años y un informe de Save the Children precisa que en nuestro país es común y socialmente aceptado que las mujeres inicien su vida sexual entre los 13 y 15 años, y constituyan familias de hecho.

Plan Internacional precisa que en el Perú está altamente invisibilizado el matrimonio infantil y no existe evidencia cualitativa con testimonios de niñas y jóvenes. Pero no es porque el problema no exista o no sea grave. Sucede que no hay datos oficiales, solo se registran los matrimonios pero las ‘uniones’, que son una práctica común, no se registran. Save the Children revela que hay serias deficiencias para identificar los embarazos entre niñas de 12 y 15 años. De hecho, es imposible conocer la magnitud del problema, pues las encuestas demográficas y de salud no recogen información sobre matrimonios y uniones de menores de 14 años

Sin conocer la realidad y tener los datos que permitan adoptar políticas y soluciones qué les espera a nuestras niñas. Lo más fácil e irresponsable ha sido siempre, cerrar los ojos.