Augusto Álvarez Rodrich.

Augusto Álvarez Rodrich.

Economista de la U. del Pacífico –profesor desde 1986– y Máster de la Escuela de Gobierno John F. Kennedy, Harvard. En el oficio de periodista desde hace más de cuatro décadas, con varios despidos en la mochila tras dirigir y conducir programas en diarios, tv y radio. Dirige RTV, preside Ipys, le gusta el teatro, ante todo, hincha de Alianza Lima.

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El color del fustán de la misión de OEA

No es asunto de derechas o izquierdas, solo de intereses.

La OEA ha cometido un error grave que refuerza la sospecha de que su real intención con el envío de una misión al país es lavarle la cara a la presidencia de Pedro Castillo, al conformarla con cancilleres y vicecancilleres de naciones que tienen intereses legítimos en su relación con el Perú, en vez de políticos o diplomáticos de prestigio que ya estén retirados y que, por tanto, están al margen de esos condicionamientos.

La fuente inicial de la sospecha en la OEA es haber respaldado y solidarizarse con Castillo con base en una carta enviada por él y su canciller César Landa que parte del supuesto mentiroso de que en el Perú hay un golpe de Estado en marcha, lo que implicaría un uso de Torre Tagle al servicio del interés particular en vez del objetivo de la nación.

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En este sentido, el excanciller Allan Wagner discrepa del aval de Torre Tagle a invocar la Carta Interamericana Democrática, algo que, además de internacionalizar innecesariamente la crisis peruana, se sustentaría en la intención del presidente Castillo de paralizar el proceso interno de la acusación constitucional a través de un ‘diálogo’.

Demostrando gran habilidad diplomática en la OEA, el gobierno construyó una narrativa mentirosa alrededor de la victimización: hay un golpe de Estado en marcha; se cambia mucho de ministros por censuras e interpelaciones por un control político indebido del Congreso; la Fiscalía denuncia al presidente sin fundamento y por su colusión con la derecha y los inversionistas privados, ante cuya presión Castillo acaba siendo víctima de las circunstancias sin más opción que pedirles socorro a los grandes demócratas de la región.

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Sería escandaloso que la misión validara esa versión embustera construida por políticos, diplomáticos y constitucionalistas que hoy cargan las andas sin muchos milagros de un señor presidente en líos de corrupción y mediocridad, pero su problema es que, al conformarse por cancilleres de países con los que el Perú tiene negociaciones, no habría neutralidad suficiente para emitir un balance cercano a la realidad.

Eso no es nada personal ni tiene que ver con el color de los gobiernos, de derecha o izquierda, como erradamente se cree, sino solo con el color de los intereses en juego, lo que permite verle a la OEA el color de su fustán.