Camila Vera

Camila Vera

La República
Redactora web y columnista del espacio Glosario Azul en La República. Periodista piurana (Udep) con experiencia en el género argumentativo y en la docencia de la gramática española.

Dramas en la realeza y en las mejores familias

“En medio de un episodio tan grande como la muerte de una reina extranjera, existen pequeños dramas nacionales; y más que nacionales, privados”.

En el país han circulado más los memes que la pena porque, en medio de un episodio tan grande como la muerte de una reina extranjera, existen pequeños dramas nacionales; y más que nacionales, privados. Es decir, dramas “que se ejecutan a vista de pocos, familiar y domésticamente, sin formalidad ni ceremonia alguna”, señala la RAE. Dramas que desde su aspecto individual tienen mayor peso que un duelo masivo.

PUEDES VER: Me caso en septiembre

Bajo un sistema presidencial vigente, al Perú le resulta ajena —aunque sí histórica— la relevancia del verbo reinar. Así que pese a la constante exposición de una majestuosa condolencia, es la identificación la pieza clave para conectar con la opinión pública y, esta vez, el llanto de Reino Unido no conecta con un pueblo que incluso sin corona carga sobre la cabeza más de una preocupación.

En el trono personal, las nostalgias apuntan hacia las enfermedades pasajeras y terminales, las mascotas convalecientes, las pérdidas de amistades, la complejidad en la carrera —si es que hay la posibilidad de estudiar una—, los manejos económicos frente a un sueldo mínimo, los ataques de ansiedad, el tiempo ajustado entre dos trabajos, la búsqueda de alguien que cuide al adulto mayor, la esperanza del reencuentro familiar, la urgencia de salir de relaciones malignas tanto como del hábito brusco de sobrepensar, los pésames en el núcleo del hogar, los trastornos alimenticios, la violencia silenciosa. La lista es igual de amplia que las funciones de una realeza lejos de este continente.

PUEDES VER: Piura, acuérdate de mí

La primera persona de la que pocos escriben es la que tiene más palabras atascadas en la garganta y en las manos. La misma que al final opta por compartir en redes un “Q.E.P.D.”. Ya lo dijo la reina Isabel en 1989, a bordo del yate real Britannia —y no frente a una computadora desgastada—: “Como todas las mejores familias, tenemos nuestra cuota de excentricidades”. Acá, en el mundo de los buenos ciudadanos de a pie, la cuota de excentricidades es un bondadoso “suceso infortunado de la vida real, capaz de conmover vivamente”. Drama, según el diccionario que agrupa significados globales.