Diego García Sayán

Diego García Sayán

Abogado y Magister en derecho. Ha sido ministro de Relaciones Exteriores (2001- 2002) y de Justicia (2000- 2001). También presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Actualmente es Relator Especial de la ONU sobre Independencia de Jueces y Abogados. Autor de varios libros sobre asuntos jurídicos y relaciones internacionales.

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¿Intereses mezquinos o polarización?

“Dejar atrás esa bruma de repartija y de confrontación por ello requeriría un acuerdo político grande para poner todo eso de lado para los cuatro años que restan”.

“Amenaza las verdaderas fundaciones de nuestra república”, Biden acusando a Trump y sus republicanos de representar un extremismo muy peligroso. Y, con más precisión y contundencia, ante la insurrección trumpista y el ataque al capitolio de enero del año pasado: “La democracia no puede sobrevivir cuando una parte cree que sólo hay dos resultados en unas elecciones: O ganan o les han engañado”. Y Trump, con la virulencia y extremismo en el que es pródigo, sindicando a Biden de “enemigo del Estado”.

Poca cosa, como se podría decir, irónicamente, sobre el intenso nivel de polarización política al que Trump está conduciendo a los Estados Unidos. Una profunda y real confrontación sobre cuestiones de fondo. Como la que florece estos días en Brasil a las puertas de las elecciones presidenciales del 2 de octubre o en torno al plebiscito producido el domingo en Chile.

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¿Y en el Perú? Es otra la música y muy distinto el contenido de las tensiones y confrontaciones –que las hay– entre quienes hacen política. Atrás quedaron las barrabasadas en la confrontación desde la ultra derecha después de las elecciones del año pasado pretendiendo desconocer los resultados y vacar a Pedro Castillo desde antes que juramentara. Pese a que la realidad demostró rápidamente que el presidente –supuestamente “comunista”–, en realidad, no tenía ideología alguna, reverberan aún algunos pocos ecos de esas rabietas contestatarias. Pero es otro el ritmo que se baila y muy lejanas las verdaderas cuestiones de fondo sobre el rumbo del país o las grandes decisiones políticas.

Un entorno en el que, a diferencia de la mayoría de sociedades democráticas, es fantasioso hablar de “izquierda” o “derecha” en la política oficial. No es eso lo que marca el ritmo del Ejecutivo ni el del Congreso sino intereses particulares, cuotas de poder, en conflicto. Que tienen poco –o nada– de político y programático. Quienes en teoría podrían estar enfrentados, en la práctica coinciden en propósitos de cada grupo en buscar satisfacer intereses de allegados coincidiendo en métodos y objetivos cuando en teoría están enfrentados.

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El “fujicerronismo” realmente existente, por ejemplo, no tiene nada de ideológico. Aparentemente polos antagónicos, son en realidad iguales como impulsores de un proceso chato, de un “eje del mal” para ganarse alguito: poniéndose de acuerdo en liquidar la reforma de las universidades, la reforma del transporte, el enfoque de género en la educación o contratando allegados ineptos y muchas otras cosas. Todo para satisfacer intereses de grupo y de grupos de poder privados como dueños de universidades “bamba” o de empresas de transporte informal, excongresistas y demás.

Esa es la esencia de la política peruana de hoy. El telón de fondo es la confrontación Congreso/Ejecutivo que tampoco es ideológica sino de cuotas de poder. Las supuestas ideologías en conflicto en realidad no existen o son marginales. Si se ha armado el tole tole, por ejemplo, contra la presidenta del Congreso Lady Camones no es por razones programáticas sino es porque estamos en proceso electoral municipal. Y lo que está de por medio es solo cómo se mueven las fichas en un nuevo reparto de la torta. Lo que ha movido a la destitución de Camones es la tensión de una pugna electoral siendo lo que se dijo en esa reunión en el partido de Acuña, algo no muy distinto de lo que se habla en otras agrupaciones, pero, en este caso, con una grabación. La cuestión de fondo discutida en esa reunión –la creación del distrito de Alto Trujillo en La Libertad– y si existía un planeamiento de estrategia territorial a nadie pareció importar.

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Un entorno así es grave en cualquier contexto. Dejar atrás esa bruma de repartija y de confrontación por ello requeriría un acuerdo político grande para poner todo eso de lado para los cuatro años que restan. De no ser eso viable y ante la perspectiva de posibles elecciones son urgentes ciertas reformas electorales. Pero para que no sea una nueva “repartija” para más de lo mismo, son necesarios cambios en las reglas respaldados en un referéndum sobre propuestas concretas. Tal como lo que vienen impulsando organizaciones de la sociedad civil agrupados en Coalición Ciudadana.