Mirko Lauer

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Observador
Un poemario cada tantos años. Falso politólogo. Periodismo todos los días. Natación, casi a diario. Doctor por la UNMSM. Caballero de la Orden de las Artes y las Letras, Francia. Beca Guggenheim. Muy poco twitter. Cero Facebook. Poemario más reciente, Sologuren (3ª edición Huerga & Fierro, Madrid). Próximo poemario, Las arqueólogas, en setiembre.

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Armando el librito amarillo

“Ya se sabía que hablar no es lo suyo. Pero ahora que anda indignado por cosas como el avance de la Fiscalía, su vetado viaje a Bogotá, o el tercer intento de vacancia, cada vez más, le faltan, como se dice en México, ideas para expresar sus palabras”.

Da toda la impresión de que los mismos asesores que le pidieron desprenderse de su sombrero ahora le han propuesto un nuevo esquema de defensa. Sus abogados descalifican e intentan bloquear el avance de las investigaciones. Pedro Castillo sale a tratar de controlar el daño político que los descubrimientos sobre corrupción en la cúpula producen.

La segunda parte de este esquema nos ha traído un Castillo más hablador y agresivo que de costumbre, en la modalidad del orador sindicalista de plazuela. Un género respetable, pero que en boca del presidente suena a inconvincente impostación. Sobre todo ahora que su imagen de santón popular se ha ido al tacho.

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Ya se sabía que hablar no es lo suyo. Pero ahora que anda indignado por cosas como el avance de la Fiscalía, su vetado viaje a Bogotá, o el tercer intento de vacancia, cada vez más, le faltan, como se dice en México, ideas para expresar sus palabras. Lo cual nos deja con el discurso hueco de un demagogo con mala leche.

En pocos días ha soltado un rosario de frases que van de cómicas a falsas, e incluyen promesas incumplibles. Como su promesa de un gabinete de ancha base. Evidentemente el hombre no sabe qué significa la expresión. O su lanzamiento de una “cruzada nacional con el pueblo peruano para defender la democracia”.

Le han contado que quienes quieren sacarlo del sillón son golpistas, y Castillo se ha aferrado a la palabra, como un ciego a su violín. Les dice que “no se atreven a pedir la vacancia desde una plaza del pueblo.” Lo cual de inmediato evoca a un Ejecutivo que en provincias se reúne a puerta cerrada. Para glosar al maestro, también a los ministros se les paga por reunirse.

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Así, entre el despropósito, el tropiezo, la amenaza inconducente y la promesa demagógica, empieza Castillo su segundo año. Los millones de votos del 2021 a los que le gusta referirse se han reducido a su pobreza aritmética en las encuestas, que en el fondo es un escenario de votos perdidos a causa de la mala gestión.

Alguien, en algún lugar, ya debe estar armando el librito amarillo del presidente Castillo. Un bestseller en quioscos de todas maneras, y a la vez lectura que solo podrían digerir los espíritus fuertes.