Augusto Álvarez Rodrich.

Augusto Álvarez Rodrich.

Claro y directo
Economista de la U. del Pacífico –profesor desde 1986– y Máster de la Escuela de Gobierno John F. Kennedy, Harvard. En el oficio de periodista desde hace más de cuatro décadas, con varios despidos en la mochila tras dirigir y conducir programas en diarios, tv y radio. Dirige RTV, preside Ipys, le gusta el teatro, ante todo, hincha de Alianza Lima.

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Un presidente que no sabe, pero sí opina

Agobiado por la fiscalía, se avienta a declarar y tuitear.

Luego de buen tiempo con perfil público bajo, salvo discursos en espacios controlados y los cazadores de la declaración del día a distancia, el presidente Pedro Castillo se expuso anteayer a los reporteros y confirmó que suele evitarlos para no desnudar más su impericia.

Castillo estuvo lejos de la prensa hasta que su equipo lo aventó a CNN para confesar que no posee atributo ni preparación para ser presidente.

Luego, volvió a esconderse, pero su apabullante situación judicial lo ha motivado, por un lado, a tuitear con ímpetu con el fin de hacer notar que él está al mando del gobierno, algo que pocos creen. Al menos, las actas de los consejos de ministros formales –no los ‘descentralizados’ proselitistas– lo revelan como un observador silente.

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Y, por el otro lado, a arriesgarse a salir, de vez en cuando, de su ‘zona de confort’ y enfrentarse ‘parao y sin polo’ a los reporteros, como anteayer en el patio de honor de Palacio al regreso de su caminata a la fiscalía, ocasión en la que volvió a derrochar poco sentido común y mucho desconocimiento.

Por ejemplo, su heterodoxia para armar un equipo ministerial diciendo que “desde acá abro este espacio a los demás partidos políticos para que, de una vez, hagamos un gabinete de ancha base para trabajar por el Perú”.

O asegurando que no dejará de acudir a las citaciones del Ministerio Público, pero para no contestar nada, y con su abogado declarando con aire de premier Sun Tzu –consecuente con un gobierno cuyo objetivo central ya es solo salvar al presidente–, que su defensa se base en el arte del engaño, sin darse cuenta de que un jefe de estado no es un investigado cualquiera.

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O, finalmente, pechando a los reporteros y trasladando al periodismo toda la responsabilidad de su ineptitud y de las acciones indebidas por las que la fiscalía lo investiga, con sólida evidencia, por presunta corrupción.

Cada vez que el presidente Castillo habla recuerda la frase atribuida a tantos de que es mejor guardar silencio a riesgo de ser creído un tonto, que hablar y eliminar toda duda. O, con Neruda, “me gustas cuando callas porque estás como ausente”. O, en modo encuestador, ahora que se está lanzando cada vez más a hablar: “Un presidente que no sabe, pero sí opina”.