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La olvidada salud mental

Una de las tareas fundamentales es reforzar su tratamiento en la pospandemia.

Durante el tiempo de encierro obligado por la pandemia, muchos peruanos de diferentes edades y condiciones estuvieron afectados por trastornos mentales que no tuvieron atención, porque todo el énfasis de la salud pública estuvo puesto en la emergencia y en quienes eran víctimas de la pandemia de la COVID-19, provocada por el temible SARS-CoV-2.

La alteración del sueño y otras patologías no fueron tomadas en cuenta por hacer frente al virus que atacaba sin tregua. En tanto, en los hogares, se fueron incubando problemas de conducta, de relacionamiento, de temor por el contagio, de dolor por las pérdidas de familiares y amigos, y un sinfín de situaciones que no lograron ser visibilizadas ni menos tratadas por los profesionales adecuados.

La violencia doméstica agravada por la obligada convivencia del agresor y el agredido en un solo lugar y la falta de socialización de menores y adolescentes que abruptamente perdieron contacto con su entorno no encontraron los espacios de contención ante cualquier problema.

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Hay también una acumulación de problemas similares para los adolescentes y jóvenes afectados en sus relaciones emocionales y sentimentales, en el pleno despertar de su sexualidad y la necesidad de socializar con sus similares. Todo ello se perdió por el temor al contagio mientras crecía el sentimiento de culpa por una campaña del miedo que buscaba responsabilizarlos de ser portadores del virus.

Las olas continuas de la enfermedad se han enfrentado eficazmente con vacunas y la letalidad ha ido decreciendo. Sin embargo, las secuelas de la pandemia siguen intocadas, entre ellas las mentales.

Se han reabierto las áreas de psicología y psiquiatría, con menor presupuesto, pero no se ha hecho una gran campaña para detectar males concernientes a esas especialidades gestados en el encierro o exacerbados por este.

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Las obsesiones, los temores, ansiedad, estrés, tendencias suicidas y una serie de compulsiones que requieren ser tratados constituyen el gran objetivo sanitario de la hora actual, junto con la reactivación de todo el abanico de atenciones para otras enfermedades que no sean covid.

La sociedad debe ser consciente de su derecho a la salud mental. Una mayor inversión estatal para prevención y tratamiento y la desmitificación de su padecimiento es fundamental para asegurarnos un mejor futuro.