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El Perú, un país paralizado

El presidente Pedro Castillo es retenido en el país e impedido por el Congreso de acudir a Colombia.

Una votación que se va acercando peligrosamente a la que se requiere para la vacancia impidió la salida del país del mandatario peruano, quien se aprestaba a participar en la toma de mando de la presidencia colombiana y a la ceremonia de investidura de Gustavo Petro.

Esta decisión del Congreso era previsible, ya que se había advertido en días previos que cualquier pretensión de salida del país de Castillo podía ser una potencial fuga. Así se había analizado la reunión nocturna con empresarios y funcionarios de relaciones internacionales de México y ahora se sella con la denegatoria del permiso de viaje.

PUEDES VER: Congreso niega autorización a Pedro Castillo para viajar a Colombia del 6 al 8 de agosto

Con Colombia compartimos frontera y mantenemos intereses comunes, y Gustavo Petro, al frente del gobierno de ese país, sin duda, marcará la agenda latinoamericana y la presencia peruana deberá seguir siendo de muy alto nivel, aun ante la ausencia obligada del presidente.

Es necesario incidir en la situación de ambos poderes del Estado, Legislativo y Ejecutivo, que se ha podido apreciar taxativamente en esta negativa de salida. No existen los votos necesarios para promover la vacancia: los 67 que alcanzó la moción de ayer no sirven aún para lograrlo. El Congreso mantiene como agenda única la salida de Castillo, cuando la calle grita cada vez más fuerte que también deben irse todos, incluidos los legisladores.

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También el Ejecutivo –y en especial el presidente Castillo– está atrapado sin salida, en una situación que lo supera largamente. Cada vez más cercado por las denuncias en su contra de la Fiscalía y que lo mantendrán permanentemente en la zozobra de ir a declarar, de responder exclusivamente ante los medios por esas denuncias, con el filo de la navaja siempre sobre su cabeza, con seis colaboradores eficaces dispuestos a canjearlo por su libertad y con casi toda su familia y entorno acusados de algo. Es obvio que si antes no pudo gobernar, ahora tratar de hacerlo será imposible.

En este contexto, le ha sido prohibido salir del país. Prácticamente, una orden de arresto domiciliario encubierto. La dignidad recomendaría el adelanto de elecciones en bien de un país que sigue paralizado por la inacción tanto del Gobierno como del Congreso. Parece que la grandeza del cargo que ocupan no les hace mella y que la pretensión mezquina de ambos es resistir tanto como les sea posible.