Rosa Palacios

Rosa María Palacios

Contracandela
Lima, 1963. Abogada por la PUCP y Máster en Jurisprudencia Comparada por la Universidad de Texas en Austin. Su área de especialización es el periodismo político y divulgación jurídica con más de veinte años de experiencia en televisión, radio y prensa escrita. Es docente de la PUCP en la facultad de Ciencias y Artes de la Comunicación.

Semana patria

“Feliz 28, si no es por lo que hoy somos, que sea por lo que seremos. No puede ser peor que esto”.

El hombro adolorido por la cuarta dosis, luego de enfermar dos veces de COVID-19, me regresa inevitablemente a enero del 2021. Poca fe nos unía. Arrancaba la segunda ola, más feroz que la primera y afrontábamos el escándalo de no tener vacunas y el vacunagate en simultáneo. 18 meses después, con 29 millones de peruanos vacunados, nadie va a cantar victoria, pero la situación es radicalmente distinta.

El grueso de la vacunación de menores de 50 años correspondió a este Gobierno. Pero cuando el ministro Cevallos comenzaba a mostrar muy buenos resultados, al presidente Castillo no se le ocurrió mejor idea que sucumbir a la presión de Vladimir Cerrón. El ministro “agüita arracimada” duró dos meses gracias a la complacencia del Congreso, que demoró demasiado en censurarlo.

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Si tuviera que escoger un episodio político para graficar los últimos 12 meses, ese estaría entre mis emblemáticos. La única cosa tangible que el Gobierno podía exhibir como un acierto la destrozó al punto que hay, todavía, millones de peruanos sin recibir el esquema completo de vacunación, con centros de salud vacíos y vacunas a punto de expirar.

La pregunta que más veces me han hecho en los últimos meses es: “¿Cuándo crees que se va Castillo?”. Se dice a veces con rabia, a veces como ruego, como si del periodismo dependiera. Una y otra vez explico que depende exclusivamente de una mayoría calificada en el Congreso más impopular del que se tenga memoria. ¿Por qué? Porque una y otra vez los partidos de oposición le han dado a Castillo una narrativa que lo justifica.

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Primero fue el fraudismo (con sus voceros limeños y racistas) el que sostuvo a Castillo. Nadie puede negarle que pretendieron robarle la elección antes de que jurara. No se puede usar ese argumento y buscar apoyo como “defensor de la democracia”. Las calles jamás acompañaron ese discurso, por más dinero que se invirtió. Pero el presidente dilapidó rápido su capital y hoy estamos en otro momento. Con cinco investigaciones fiscales abiertas, cuatro por delitos cometidos durante su mandato, las pruebas se acumulan muy rápido y la prensa corre a mayor velocidad que su posible defensa.

Segundo, la victimización. A Castillo se le ha agotado el viejo lema de Fujimori: “Un presidente como tú”, que tantos éxitos depara a sus promotores. A estas alturas, una cosa es ser un maestro rural pobre y otra un maestro en levantarse todas las ventajas posibles que da el poder para sí mismo o sus familiares y amigos.

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Sin embargo, sigue teniendo aprecio en el NSE E, en el área rural y entre hombres mayores de 50 años. La presentación de la “cuñija” ha sido un gol para su defensa en esos sectores. Joven, desvalida como Bambi, era ametrallada por hacer lo que el 80% del país hace: trabajar en la informalidad. Una profesional de 1.500 soles a la mano es alguien “como tú”.

Si lo ensayó magistralmente o le salió natural, no lo sé. Pero no era la criolla Karelim o el sinvergüenza dizque arrepentido de Villaverde. ¿Qué pensó la mayoría de los que la vieron? Me atrevería a apostar que un focus group en el NSE E, con más de 50 años, diría: “Pobre chica, podría ser mi hija”. Y es en esa identificación donde el Congreso, otra vez, favorece a Castillo.

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Lo tercero es el abuso de poder. El emblemático caso Sunedu se ha convertido en todo lo que el Congreso no debe ser. Charlatanes que creen en castigos divinos, misóginos y homofóbicos solo son la fachada ruidosa de los negocios educativos de los perdedores frente a una educación de calidad. La sociedad peruana aguanta los pésimos servicios que recibe (vean lo que fue la pandemia o lo que es hoy sacar un simple pasaporte), pero lo que no soporta es el abuso. Si Merino cayó, fue por eso. Por un Congreso abusador que lo sostuvo.

Así, la horrenda dicotomía Fujimori/Castillo ha sido reemplazada por Congreso/Castillo. ¿Quién creen que es peor en las encuestas? ¿Quieren que termine el Gobierno de Castillo? Sin fraudismo, encarando la victimización y superando el abuso de poder, el Congreso ya lo habría hecho con todo el material que Castillo ha aportado en su contra. Pero el burro con el tiempo no mejora al caballo. El Parlamento está entretenido con su Mesa Directiva y sus condecoraciones de hojalata.

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