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Echando más leña al fuego

“Los pirómanos no quieren resolver los grandes problemas en democracia, apelando al pueblo soberano. Ellos quieren una tempestad”.

Al expresidente Manuel Prado se le atribuye la frase según la cual el Perú tiene dos tipos de problemas: Los que se resuelven solos y los que no se resuelven nunca. La frase expresa una concepción banal de la política, de las luchas y, en general, de toda acción humana que busca enfrentar y resolver los problemas que afectan a la vida social. Tras la expresión pradista se oculta también una visión complaciente que tiene una élite ociosa de la historia peruana llena más de continuidades que de rupturas.

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El dicho de Prado puede ser una forma inconsciente de echar más leña al fuego: Dejar que los problemas se acumulen hasta que estallen. Hoy estamos asistiendo a otras maneras de echar más leña al fuego: Huir de los problemas, enfrentarlos mal, tomar malas decisiones y dar normas que los agravan, impulsar la vacancia presidencial, pretender la disolución del Congreso. Todos echan más leña al fuego: la derecha (sobre todo la DBA), el centro y la izquierda. Los medios, especialmente los oligopolios mediáticos, son los principales pirómanos: campañas diarias, sistemáticas y agresivas desde agosto del año pasado para vacar al presidente. Los “partidos” con dueño a veces son pirómanos y a veces tienen miedo de perder la mamadera de la curul.

Mientras tanto la sociedad que sufre los graves problemas guarda silencio. Ella no tiene partidos representativos, ni movimientos sociales, ni una sociedad civil vigorosa, pero tiene ciudadanos de donde pueden proceder los protagonistas de fondo como ha sucedido ya en algunos países de AL. Los pirómanos y todos los que operan en la escena oficial tratan de ocultar los problemas de fondo. Algunos de ellos fueron sacados a luz por la pandemia: incapacidad del Estado para atender la salud, la educación y los bienes públicos de los peruanos, la informalidad debido a la incapacidad de la economía reprimarizada y de servicios para absorber la oferta de la mano de obra, la desigualdad y la pobreza, la ausencia de una nación solidaria, el conflicto destructivo entre el Ejecutivo y el Congreso, la crisis de la representación y del sistema electoral.

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Hay otros problemas históricos no resueltos: la contradicción entre primarización de la economía e industrialización, la contradicción entre la ciudad y el campo, las tensiones entre el Estado y la sociedad, entre el Estado laico y las religiones, etc. La sociología y la política llaman clivajes a estas contradicciones y tensiones que vienen del pasado colonial y republicano y llaman coyunturas críticas a los tiempos turbulentos en los que los principales protagonistas realizan acciones y acontecimientos que buscan resolver los clivajes y clausurar el pasado para abrir las puertas al porvenir. A veces tienen éxito y a veces fracasan. Una coyuntura crítica no es un rayo en cielo sereno. Es una tempestad.

Los pirómanos no quieren resolver los grandes problemas en democracia, apelando al pueblo soberano. Ellos quieren una tempestad. ¿Lo saben?