Eloy Jáuregui

Eloy Jáuregui

Animal urbano
Cronista, poeta y profesor en la Universidad de Lima. Estudios en Lingüística y periodismo. Editor en la mayoría de los medios peruanos y corresponsal en revistas del extranjero. Autor de una treintena de libros sobre comunicación, lenguajes alternativos y culturas urbanas. Con premios en Casa de la América y Prensa Latina (Cuba) y Etecom-Perú.

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Con José María en Supe

“La poesía de Arguedas se articula a la ancestral tradición de la poesía quechua. Coral, de masas, disentida del registro occidental, con el oído atento a llamados que no eran propios”.

José María Arguedas camina desde la calle Lima 420 rumbo a la caleta de Supe. Saluda a los pescadores y avanza. Un mundo lo aplasta y un canto lo subleva. Aquí estoy, he llegado a estos parajes invitado a la Feria del Libro por la gestora cultural Haydée De La Rocha, el municipio provincial de Barranca y Ana Jau. Y el pueblo está de fiesta. Entonces el encuentro con los amigos escritores y los editores. Y entonces me doy mi tiempo y gracias a la iniciativa del poeta Juan Luis Danmert desembarco en Supe, playa donde José María pasó los veranos entre 1943 y 1963 y que conocía muy bien.

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Y la casa está ahí, erguida y robusta y cerrada. Esa fue la morada del primer matrimonio de José María con Celia Bustamante y donde llegaban los amigos de la pareja, Blanca Varela, Fernando de Szyszlo, por nombrar a los más queridos –hay unas fotos bellísimas de la poeta Varela–. Y según la investigación de Danmert, en Supe está la génesis del libro de José María El zorro de arriba y el zorro de abajo, que luego tendría como escenario el puerto de Chimbote.

Pocos saben que Arguedas, amen de ser un notable narrador, es un poeta robusto. Y aquí estoy en este encuentro inmortal y paternal. Los textos de poesía de Arguedas son concisos. Escritos primero en quechua, y luego traducidos al español por él mismo, sus poemas refuerzan con claridad la lírica oral de la torrentosa poesía andina, reafirman la visión del universo que la anima revitalizando sus tradiciones esenciales y condensan en un solo movimiento la protesta social y la reivindicación cultural.

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Y ahora le cuento de esta experiencia al auditorio que atiende. Y hablo de la cultura, y le pego a la prensa basura, a la derecha iletrada, a los traficantes de terrenos que invaden las sagradas zonas de Caral, a la mafia de transportistas y también hablo de la ternura de José María. La poesía de Arguedas se articula a la ancestral tradición de la poesía quechua. Coral, de masas, disentida del registro occidental, con el oído atento a llamados que no eran propios. La importancia de la ‘poiesis’ de afuera imperial y vasalla sin el reconocimiento de nuestros influjos más hondos. Ahí lo dejó José María en puerto Supe, ajusticiando la podredumbre nacional que nos ha tocado vivir. Y yo repito con usted: “Padre nuestro, escucha atentamente la voz de nuestros ríos; escucha a los temibles árboles de la gran selva; el canto endemoniado, blanquísimo del mar escúchalos, padre mío, Serpiente Dios. ¡Estamos vivos; todavía somos!”.