Mirko Lauer

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Observador
Un poemario cada tantos años. Falso politólogo. Periodismo todos los días. Natación, casi a diario. Doctor por la UNMSM. Caballero de la Orden de las Artes y las Letras, Francia. Beca Guggenheim. Muy poco twitter. Cero Facebook. Poemario más reciente, Sologuren (3ª edición Huerga & Fierro, Madrid). Próximo poemario, Las arqueólogas, en setiembre.

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Decir nada, nada que decir

“Algunos pueden considerar al silencio oficialista una bendición. Pero en verdad se trata de un serio problema, pues va de la mano con la ineptitud política y administrativa”.

Este va camino de volverse un gobierno silencioso. Todo comienza por la cúspide, donde el presidente ha venido estrechando los círculos de la comunicación. Empezó hablando bastante poco (más tarde se supo por qué), luego redujo al mínimo sus contactos con la prensa. De allí ha pasado a tratar de que la prensa lo acompañe en el silencio.

Nótese que a partir de un momento una mayoría de ministros ha dejado de hablar, casi completamente. Podrían ser dos, quizás tres, los que tienen algún interés en informar al público sobre su pliego y algunas cosas que decir. En eso quizás se puede detectar emulación, cautela y acaso una instrucción específica sobre el tema.

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Se están apagando los grandes habladores. De Guido Bellido, ese mismo que llenaba las ondas con su ingenio algo silvestre, se dice que está dedicado a un silencioso manejo de la PCM. Pero si es cierto que Aníbal Torres ya no maneja nada en la PCM, tampoco es que diga mucho. No se vaya a pensar que él es el presidente.

Así, el uso de la lengua ha pasado a los abogados del gobierno (solo Pedro Castillo tiene cuatro a su servicio). Todos son necesariamente elocuentes, lo cual no siempre quiere decir convincentes. Con el ojo puesto en su tarea, y quizás también sus intereses, estos abogados suelen recomendar a sus patrocinados que no hablen.

Es evidente que decir cosas es exponerse a discrepancias, a críticas, a ataques, e incluso a burlas. Frente a esos peligros, los abogados son verdaderos picos de oro. Algunos considerarán una lástima que no se les pueda encargar más tareas de gobierno. Aunque ir manteniendo a Castillo en el puesto ya es bastante.

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Tal vez el silencio más notorio, después del de Castillo, es el de Vladimir Cerrón. En estos últimos tiempos el SG de Perú Libre se ha concentrado en la brevedad del Twitter, pero no parece interesado en elaborar más allá de los pullazos al gobierno. Considera a Castillo inconsecuente, pero le sigue haciendo ofertas.

Algunos pueden considerar al silencio oficialista una bendición. Pero en verdad se trata de un serio problema, pues va de la mano con la ineptitud política y administrativa. Además hay bocas cerradas que muerden más que las abiertas.