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Invasión drag, por Sandro Mairata

Visualmente, el filme alcanza puntos altos con sus vorágines en la edición y zooms versus tomas abiertas de las presentaciones en vivo. Se nota que Castro conoce los territorios de la noche y cómo registrarlos; es un placer ver la fluidez de sus imágenes.

Por Sandro Mairata | @CINENSAYOLat y @smairata

Invasión drag llega con inmejorable timing; acabamos de presenciar la homofobia corporativa en la cadena Cineplanet por el fugaz beso lésbico en Lightyear, estamos en pleno Mes del Orgullo 2022, y en Estados Unidos las fuerzas conservadoras arremetieron contra el aborto desde una Corte Suprema con jueces colocados por Donald Trump. Tenemos entonces una nueva película que se inserta en nuestras discusiones sobre la evolución real de las sociedades de este lado de occidente.

Otra película peruana con temática LGTB de este año, Un romance singular, fue atacada con fiereza desde el Congreso porque incluyó un personaje religioso en su guion. En este sentido, Invasión drag está blindada: se trata de una cinta documental que registra un hecho muy concreto, el alboroto creado por la visita al Perú de un grupo de drag queens del reality de Rupaul (Rupaul’s Drag Race) en 2017.

Como decía, es el foco del director Alberto Castro en lo medular de su historia donde radica el poder de Invasión drag. No hay un recuento larguísimo de las luchas LGTB –que pudo hacerse– ni se hacen desfilar a especialistas ni oenegés. En conversaciones y seguimientos de marcación cerrada con las drag queens visitantes nos adentramos en la comprensión de una subcultura que sí, incluye una mirada desfachatada a la sexualidad pero que no solo gira en torno a ella. Las drag queens solo son tales en un escenario o ante un público. El resto del tiempo son seres humanos que buscan un taxi en la calle, comen y toman y viven luchando por sus derechos a ser.

“La homofobia está allí afuera, seas drag queen o no seas drag queen”, dice uno de sus protagonistas en pantallas, “nos están persiguiendo”. Además de drag queens quienes sí son entrevistados son miembros de la comunidad LGTB local, activistas y simpatizantes pero este filme no es para oídos sordos. Hay que saber escuchar. No estás obligado a salir a marchar por el orgullo, estás invitado a conocer. De hecho, el clímax tiene que ver no con las queens sino con una pedida de mano en vivo entre una pareja gay local, Oliver y Renzo, con una de las estrellas del show como cómplice de la sorpresa.

Visualmente, el filme alcanza puntos altos con sus vorágines en la edición y zooms versus tomas abiertas de las presentaciones en vivo. Se nota que Castro conoce los territorios de la noche y cómo registrarlos; es un placer ver la fluidez de sus imágenes. Por lo demás, que hayan pasado cinco años nos habla del camino cuesta arriba del director para ver la cinta en pantallas: pagada con su propio bolsillo, el filme ha recibido un apoyo promocional del Ministerio de Cultura, lo cual resalta su relevancia. No, Invasión drag no te va a “homosexualizar”. Lo que sí podría hacer es enfrentarnos a nuestros prejuicios. He ahí su relevancia.

A quién le importa. Registro de la visita de un grupo de drag queens en 2017, Invasión drag se convierte en un importante manifiesto LGTB. Foto: difusión

Ficha

  • Título: Invasión drag
  • País: Perú
  • Año: 2022
  • Director: Alberto Castro
  • Protagonistas: Tany de la Riva, Georgia Hart, Sandra Picciotti, Renzo Sáenz, Oliver Ramos, Carola Gutiérrez, Pimi Ravizza
  • Disponible en: Cines
  • Calificación: 4/5