Mirko Lauer

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Observador
Un poemario cada tantos años. Falso politólogo. Periodismo todos los días. Natación, casi a diario. Doctor por la UNMSM. Caballero de la Orden de las Artes y las Letras, Francia. Beca Guggenheim. Muy poco twitter. Cero Facebook. Poemario más reciente, Sologuren (3ª edición Huerga & Fierro, Madrid). Próximo poemario, Las arqueólogas, en setiembre.

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Carta desde Madrid

“‘Una vez más, Chela de Ferrari demostró su gran talento y su exquisita sensibilidad. Una vez más tocó los corazones de todos y nadie fue ajeno a su mensaje. Y esta vez vimos a unos artistas de habilidades diferentes, sin duda, pero muy convincentes todos ellos’. Joselo García Belaunde”.

Querido Mirko: vi anunciado, por el Instituto Nacional de Artes Escénicas y Música, un Hamlet dirigido por Chela de Ferrari en el teatro Valle Inclán de Madrid. No dudé en comprar mi entrada y estar a tiempo para ver, una vez más, a nuestra talentosa directora.

Cuando empezó la obra me di cuenta de que no íbamos a ver un Hamlet más. Se iniciaba con la presentación de los actores en los cuales nos explicaban, más que sus respectivos roles, sus condiciones o habilidades diferentes. Hay quien pide disculpas por su tartamudez, o la que advierte de sus tics y así cada uno.

Una decena de jóvenes peruanos más uno argentino, todos ellos con síndrome de Down, con una libertad de expresarse que invitó a todos a participar de este acontecimiento, novedoso en su diseño, cálido y convocador en su desarrollo. La tragedia de Shakespeare es un telón de fondo delante del que transcurre una obra llena de sensibilidad, algo de humor y mucho de reclamo.

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Entran y salen de escena Hamlet, Ofelia, Horacio, Gertrudis y Claudio, intercambiando roles, demostrando gran versatilidad y alternando el discurso de la obra con el discurso propio del sitio en el mundo para ellos. Sin la menor concesión al facilismo, más bien con la dignidad de quien reclama derechos, los actores van recreando la obra de teatro, con sus propias historias.

Padre de Hamlet interpelado, padre de los chicos presentes en diálogos que dicen más de gratitud que de reclamos. Amores no correspondidos, el de Ofelia, el de algunos chicos. Recitativo como aquel de morir/dormir no más…tal vez soñar… intercalado con frases del famoso discurso de Alan García cuando regresó del exilio.

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No faltó en este montaje el recurso a la música. Y al hacerlo, terminamos todos participando de este espectáculo. Nos integramos a estos actores que nos habían convencido de que Hamlet también nos dice cosas del mundo de hoy, de aquellos a quien no oímos ni vemos lo suficiente. El final, lúdico y musical, fue una fiesta en la que todos participamos.

Una vez más, Chela de Ferrari demostró su gran talento y su exquisita sensibilidad. Una vez más tocó los corazones de todos y nadie fue ajeno a su mensaje. Y esta vez vimos a unos artistas de habilidades diferentes, sin duda, pero muy convincentes todos ellos.

Joselo García Belaunde