Paul E.  Maquet

Paul E. Maquet

Utopías concretas
Lima. Periodista con estudios de maestría en comunicación política y periodismo ambiental, docente universitario e investigador y activista en temas de comunicación, derechos humanos, política y ecología.

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Antiprogresismo vs. posdesarrollo

“Lo que se cuestiona aquí es el progreso entendido como un crecimiento económico infinito, que conlleva al agotamiento de los recursos naturales de un mundo finito”.

Hay dos grandes críticas a la noción moderna de “progreso”, ambas distintas y hasta contradictorias entre sí.

La primera, que se ha vuelto común en los sectores conservadores de derecha e izquierda, es el “antiprogresismo” que hoy es enunciado sin rubor por congresistas y algunos líderes políticos. Aquí el enemigo lo constituyen todas aquellas posturas proderechos: los derechos de la comunidad LGTBI, los derechos de las mujeres y el enfoque de igualdad de género, los derechos de los pueblos indígenas, todas estas serían ideas “progres” que “amenazan” las nociones tradicionales de familia, relaciones amorosas, sociedad y nación.

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La respuesta de quienes estamos a favor de todos los derechos humanos para todos y todas tiene que ser contundente: esa crítica al progreso nos lleva al retroceso, al desconocimiento de los logros alcanzados por la lucha social que nos antecedió.

Pero esta respuesta no puede convertirse en una defensa simple de la noción de progreso, pues ello pasaría por alto la segunda crítica. Esta, nacida tanto del ambientalismo y de los movimientos anticoloniales, tiene un sentido muy distinto. Lo que se cuestiona aquí es el progreso entendido como un crecimiento económico infinito, que conlleva al agotamiento de los recursos naturales de un mundo finito. Además, se cuestiona lo que este “progreso” tiene de imposición cultural de modos de vida y aspiraciones sociales de las potencias occidentales, y la concepción de las culturas de los pueblos originarios como “atraso”. Es de esta discusión de donde ha nacido lo que se conoce como la escuela del “posdesarrollo”.

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Más allá de una idea lineal de “progreso” –las cosas no son buenas o malas por ser “modernas” o “tradicionales”– deberíamos apuntar a una convivencia que garantice los derechos de todos y todas, y que además detenga la destrucción ambiental y las características coloniales del viejo desarrollismo.