Jorge Bruce

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Jorge Bruce es un reconocido psicoanalista de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ha publicado varias columnas de opinión en diversos medios de comunicación. Es autor del libro "Nos habíamos choleado tanto. Psicoanálisis y racismo".

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Cajón de sastre

“¿Qué tienen en común los integrantes de este trío? Una ideología ultraconservadora, la voluntad de mantener al “pueblo” (otro cajón de sastre) anestesiado y sometido”.

Cada cierto tiempo se imponen expresiones que funcionan como cajón de sastre. A fuerza de usarlas a troche y moche, van perdiendo su significado y, a la vez, son clichés para todo uso. En la década de los noventa surgió con ímpetu la “inteligencia emocional”, gracias al libro de Daniel Goleman. Lo que se inició como un término para designar un rasgo de personalidad, saltó a la empresa, el gobierno, la educación, etcétera. Lo propio ocurrió con la “resiliencia” (yo mismo difundí ambos términos en mis columnas). Una palabra que ha cobrado protagonismo, al punto de adquirir el aludido estatus de significante vacío, es “caviar”.

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Si se hiciera una nube de palabras recurrentes en medios y redes sociales, intuyo que saldría con letras muy grandes. Lo que la nube no indica, sin embargo, es que la dichosa palabreja depende en gran medida del emisor. No es lo mismo el caviar disparado por Vladimir Cerrón, que el del congresista Montoya. Lo que sí comparten es el uso del remoquete como agravio o descalificación. Como ironizó alguna vez Mirko Lauer: hay la izquierda caviar y la derecha huevera. Eran otros tiempos, sin embargo.

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En estos días aciagos, oscuros y deprimentes –en donde la salud mental de la nación depende del partido de repechaje–, vamos a recurrir a uno de esos clichés de moda para intentar entender algo que nos tiene entrampados a los peruanos: la “relación tóxica” entre el Ejecutivo y el Legislativo. Les pido una licencia poética/psicoanalítica: asumamos que el primero es el padre y el segundo la madre de la patria. Por la manera en que se tratan, se diría que se odian a muerte. Sin embargo, no solo no se separan. Al contrario, en lo esencial, se entienden y coinciden. Conviene incluir en este entramado patológico al Tribunal Constitucional. ¿Qué tienen en común los integrantes de este trío? Una ideología ultraconservadora, la voluntad de mantener al “pueblo” (otro cajón de sastre) anestesiado y sometido. Por eso un informe abyecto como el del congresista Cavero o grotesco como el de su colega Montoya pasan como por un tubo. Un fallo sádico y retrógrado como el del TC sobre el matrimonio de Susel Paredes y Gracia Aljovín es aplaudido o por lo menos silenciado por papá y mamá. Solo un “acontecimiento”, como lo llamó el filósofo Alain Badiou, permitirá que terminemos con este proyecto de tiranía conservadora y corrupta.