Camila Vera

Camila Vera

La República
Redactora web y columnista del espacio Glosario Azul en La República. Periodista piurana (Udep) con experiencia en el género argumentativo y en la docencia de la gramática española.

Te felicito, qué bien actúas

“Marcela comprendió que hay finales que son victorias, porque además de abrir la piel, algunas heridas abren los ojos”.

Los grandes y pequeños medios lamentaban el posible final de la relación entre Shakira y Piqué cuando en el norte del Perú, en una ciudad alejada de la fama de cantantes y futbolistas, Marcela festejaba que el suyo era oficial: tenía en las manos el acta de divorcio y en el corazón un consuelo que no podía explicar después de 20 años de un fallido romance y 6 de una separación sin firma.

Si bien ambos no se conocieron en un mundial, también compartieron un escenario a la altura de una narración de fantasía, una escuela de arte donde ella era alumna y él, modelo de torso. Su matrimonio había seguido la tendencia de quienes se embarcan sin saber siquiera flotar, es decir, hubo un embarazo no planificado, una boda civil frente a la furia familiar, una ceremonia religiosa tardía, ninguna propiedad y muchas deudas.

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Y, además de todos los contratiempos, dos infidelidades se sumaron a la lista. Para mitigar la primera —moderar, aplacar, disminuir o suavizar algo riguroso o áspero, según la RAE—, ambos intentaron excusarse bajo la posibilidad de convertir la tristeza de ella en fortaleza y la traición de él en una arribista prueba del destino. Así que, respaldados por un grupo religioso que se reunía en oración cada miércoles y viernes, caminaron directo hacia el desengaño.

Para cuando la segunda infidelidad tocó a la puerta o, mejor dicho, llamó a través de un número desconocido, el hilo que ya estaba roto apretó con fuerza la debilidad de Marcela y, sin ritmos reguetoneros decorando la decepción, decidió que esa filosofía barata no la compraba más.

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Se había acabado la interpretación de una pareja que luchaba para conservar un vínculo más corto que una canción de la colombiana y, después de la pena discreta —sin paparazzis ni teorías conspirativas en Twitter—, Marcela comprendió que hay finales que son victorias, porque además de abrir la piel, algunas heridas abren los ojos. Lo canta Shakira, lo corrobora la nueva divorciada.