Mirko Lauer

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Observador
Un poemario cada tantos años. Falso politólogo. Periodismo todos los días. Natación, casi a diario. Doctor por la UNMSM. Caballero de la Orden de las Artes y las Letras, Francia. Beca Guggenheim. Muy poco twitter. Cero Facebook. Poemario más reciente, Sologuren (3ª edición Huerga & Fierro, Madrid). Próximo poemario, Las arqueólogas, en setiembre.

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Los platos flacos

“Pensando en términos políticos, ¿es posible controlar a una población hambrienta? Hay técnicas, todas policiales. La familia Castro logró hacerlo en Cuba, y esa pobreza consolidó su poder”.

Se ha vuelto a hablar de la amenaza del hambre. En verdad muchos peruanos ya están allí desde hace tiempo. Incluso los pobres extremos, que logran llevarse alimento a la boca, este les resulta insuficiente y poco nutritivo. Todo esto empeora en los espacios donde la publicidad ofrece comida con atractivos argumentos y colores.

No es, pues, un drama nuevo o discontinuo; para una parte de la población viene de antiguo, y es constante. Las ollas comunes de estos últimos años no aparecieron con la pandemia, solo aumentaron, y las urbanas se hicieron más visibles. Sin duda muchos de sus comensales de hoy son personas que han recaído en la miseria.

PUEDES VER: RMP: “Lo que está haciendo el Ministerio de Agricultura es absolutamente insuficiente”

El drama se estaba aliviando. Según Oswaldo Molina, del CIUP, en el Perú “la pobreza monetaria se redujo, entre el 2004 y el 2019, de 59% a 20%; mientras que la pobreza extrema pasó de 11% a 3% entre el 2007 y el 2019″. Todo esto comenzó a empeorar con la pandemia y el actual gobierno. Ahora cambiará más con la crisis alimentaria mundial ya en curso.

En este tema siempre hay la imagen más amplia y la imagen más limitada. La primera hoy se llama “escasez global de alimentos”, y se atribuye a efectos combinados de una inflación de precios, una crisis de las cadenas de aprovisionamiento, a la pandemia, y finalmente a los efectos mundiales de la guerra en Ucrania.

La imagen limitada al espacio peruano comparte rasgos del argumento global, pero tiene algunos propios. Un gobierno que no inspira confianza está afectando las inversiones y elevando los precios. Ahora la perspectiva de una carestía de fertilizantes proyecta la escasez y las alzas hacia los tiempos que vienen.

PUEDES VER: Seguridad alimentaria peligra por crisis agraria

Pensando en términos políticos, ¿es posible controlar a una población hambrienta? Hay técnicas, todas policiales. La familia Castro logró hacerlo en Cuba, y esa pobreza consolidó su poder. El chavismo, con petróleo y asesoría cubana, lo logró muy a medias. Al no ser una isla, se le escaparon millones de venezolanos acosados por el hambre.

No queremos imaginar lo que va a ser la gestión del seleccionado político-compadrero del castillismo para impedir que el hambre endémico aumente. Por lo pronto no han podido resolver el problema de la importación de indispensable urea fertilizante. Ya pronto aparecerán los negociados en torno de la agricultura en crisis.