Irma Del Águila

Irma Del Águila

Por ahí
Socióloga y narradora. Exdirectora académica del programa “Pueblos Indígenas y Globalización” del SIT. Observadora de derechos humanos por la OEA-ONU en Haití. Observadora electoral por la OEA en Haití, veedora del Plebiscito por la Paz en Colombia. III Premio de Novela Breve de la Cámara Peruana del Libro por “El hombre que hablaba del cielo”.

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A más consejos descentralizados, menos gestión, por Irma del Águila

“En Las Bambas, la crisis se agudiza con las mecidas del gobierno a las comunidades […] mientras el premier y el ministro de Energía y Minas siguen ocupados en sus consejos descentralizados”.

En la precariedad extrema de la vida política peruana la cosa pública interesa muy poco. A falta de partidos políticos dignos de ese nombre, se asume que “hacer política” es moverse en el terreno de “lo político”, es decir, en el de los antagonismos irreductibles, donde solo existen amigos/ enemigos. En ese territorio del conflicto permanente no hay compromiso posible con el “enemigo” con frecuencia tildado de abyecto (el “terruco”, el “facho”, etc.).

En países con instituciones robustas (partidos políticos, aparato estatal pero también, sindicatos, iglesias, asociaciones, etc.), “lo político” no desaparece pero coexiste con el imperativo de hacer “la política”, entendida como la necesidad de construir el día a día de un país y, en buena cuenta, de organizar la coexistencia humana.

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En ese mundo de la vida concreta importa la capacidad de establecer un orden, aunque sea “en condiciones que son siempre conflictivas” (Chantal Mouffe). Por eso, en “la política”, la gestión de la cosa pública es una preocupación central. Ahí se toman decisiones políticas marcadas por la concreción, la correlación de fuerzas, el diálogo y los acuerdos contingentes, donde se gana y también se pierde.

En el Perú de hoy, huérfano de instituciones, ni el Gobierno ni el Legislativo tienen interés en hacer “la política”. Peor aún, se abandona la gestión pública porque estorba en la captura del aparato estatal con fines clientelistas o de prebenda. Se “gobierna” en consejos descentralizados donde se lanzan “promesas” a las que difícilmente se dará curso, y domina la retórica de “lo político”, que cosecha adhesiones del momento.

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Mientras esto ocurre, preocupa la pobre gestión la crisis de los fertilizantes en el Ministerio de Agricultura. Al ministro Zea le tomó más de tres meses aprobar el decreto de urgencia que autoriza la compra de urea por algo más de 300 millones de soles, un monto muy inferior al ofrecido y que según Eduardo Zegarra, exasesor del Midagri, cubriría solo el 25% de los suelos cultivables. El decreto llega tarde, con parte de las ventas de urea de China y Bolivia ya comprometidas. Parte de la inoperancia se explica por el descabezamiento del ministerio: según Zegarra, 44 altos funcionarios del Midagri fueron removidos de sus puestos y reemplazados, algunos, por gente del entorno del ministro Zea. Los hay incluso sin competencias mínimas.

De otro lado, en Las Bambas, la crisis se agudiza con las mecidas del gobierno a las comunidades. Hace 35 días, la minera MMG suspendió sus actividades mientras el premier y el ministro de Energía y Minas siguen ocupados en sus consejos descentralizados. La clamorosa ausencia de diálogo y de competencias en la gestión pública en estos y otros temas van empantanando las crisis. El presidente Castillo sigue confiado en que los consejos descentralizados le den cuerda unos meses más. O semanas. Parece no ver que ante la ausencia de “la política”, enfrentará tarde o temprano un durísimo desembalse social.