Augusto Álvarez Rodrich.

Augusto Álvarez Rodrich.

Claro y directo
Economista de la U. del Pacífico –profesor desde 1986– y Máster de la Escuela de Gobierno John F. Kennedy, Harvard. En el oficio de periodista desde hace más de cuatro décadas, con varios despidos en la mochila tras dirigir y conducir programas en diarios, tv y radio. Dirige RTV, preside Ipys, le gusta el teatro, ante todo, hincha de Alianza Lima.

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No olvidar que así no juega Perú, por Augusto Álvarez Rodrich

“Debemos tener claro que no es normal ni aceptable que un presidente de la república plagie su tesis, aunque el plagiador sea alguien a quien le pagó; ni que el jefe de Estado sea un mentiroso que miente por astucia o pusilanimidad; ni que este ceda el poder que el pueblo le otorgó al secretario general del partido”.

Escribir una columna cotidiana sobre temas políticos en un gobierno que en diez meses ha mantenido invicta la capacidad de llevar al extremo los límites de lo tolerable en mediocridad, corrupción y ausencia de vocación democrática hace dudar del sentido de reiterar este panorama ante cada nuevo estropicio que cada día surge.

Han sido diez meses con mucha dificultad para encontrar algún logro positivo, y nada lleva a pensar que esta situación vaya a cambiar en el futuro pues, en vez de mejorar, la presidencia de Pedro Castillo solo evidencia un sólido entusiasmo por empeorar.

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Es importante, sin embargo, no cejar en la crítica, pues se debe impedir que los peruanos empecemos a normalizar el despelote que está en marcha en el país, y que un día pensemos que este desmadre puede ser normal.

Es decir, que los peruanos lleguemos a creer que este caos, mediocridad, ignorancia, corrupción, o ausencia de vocación democrática en el gobierno es, sencillamente, nuestro paisaje natural, que así son las cosas en el Perú, y que terminemos aceptándolo por costumbre o resignación.

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Debemos tener claro que no es normal ni aceptable que un presidente de la república plagie su tesis, aunque el plagiador sea alguien a quien le pagó; ni que el jefe de Estado sea un mentiroso que miente por astucia o pusilanimidad; ni que este ceda el poder que el pueblo le otorgó al secretario general del partido que lo puso de candidato porque no podía postular por una condena por corrupción; ni que el premier sea un saltimbanqui encargado de promover el conflicto por todo el país; ni que el gobierno no gobierne pues se dedica a hacer campaña con recursos públicos mediante unos consejos de ministros descentralizados truchos; ni que se ataque desde la política a la libertad de expresión; ni que el Congreso sea la comparsa de este caos solo para durar todo el lustro; ni que se destruya el sector público al llenarlo de incapaces y corruptos al servicio de un plan político que está demoliendo la institucionalidad, la economía y la visión de un futuro estimulante para los peruanos.

Para no aceptar que este panorama deplorable se acabe instalando, no hay que bajar la guardia. Para no olvidar que así no juega Perú.

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