Rosa Palacios

Rosa María Palacios

Contracandela
Lima, 1963. Abogada por la PUCP y Máster en Jurisprudencia Comparada por la Universidad de Texas en Austin. Su área de especialización es el periodismo político y divulgación jurídica con más de veinte años de experiencia en televisión, radio y prensa escrita. Es docente de la PUCP en la facultad de Ciencias y Artes de la Comunicación.

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¿A cambio de qué?, por Rosa María Palacios

“El país solo merece ver ‘el producto terminado’ porque ‘en el hemiciclo pasan cosas’ dijo un cándido congresista Montoya que se fue de boca y nos la contó clarita”.

Todo proceso político puede analizarse desde la disyuntiva de la confrontación versus la colaboración. Colaboro cuando me uno a otros para llegar a un fin común. Confronto cuando me uno para combatir a los adversarios del fin común que yo promuevo. Los movimientos sociales, los partidos políticos, los gobiernos fijan una ruta política que se organiza en torno a unas ideas (pocas o muchas) que proponen un “bien común” general. Aunque sus adversarios no les encuentren nada de bien y poco de común, el asunto es que, fijado el rumbo, colaborar o confrontar con los demás dependerá de la negociación política, en la medida en que otros grupos organizados ofrezcan o rechacen estas ideas.

El camino político no es necesariamente recto y la colaboración y la confrontación pueden ser abrazadas y abandonadas un sinnúmero de veces. A veces de forma general y abierta (un pacto político), a veces de forma puntual (acuerdo estratégico), pero para poder entendernos dentro del grupo (respecto a la disyuntiva de colaborar/confrontar) debemos tener un mínimo de coherencia con esas ideas primigenias que nos unieron. Por lo menos, en sus líneas generales. Si no fuera así, el grupo perdería su cohesión de inmediato. Ya no sería un colectivo político, sino un conjunto de individuos políticos buscando otro grupo que refleje lo que hoy desea.

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Esta semana Perú Libre dio los votos que faltaban para llegar a los 87 necesarios en la elección de los magistrados del Tribunal Constitucional. Un partido comunista, marxista, leninista, mariateguista, cuya plataforma de lucha es la asamblea constituyente para cambiar el integro de la Constitución y, en particular, cambiar radicalmente el capítulo económico para eliminar el rol subsidiario del Estado, volver al Estado empresario en la explotación de recursos naturales, instaurar los monopolios públicos, desaparecer el libre mercado, controlar precios y tipo de cambio, entre otras medidas.

Ese partido, con esas ideas, les ha dado el triunfo a seis magistrados pro libre mercado. Liberales en lo económico y conservadores en materia de derechos humanos, con los matices inevitables, pero con un carácter homogéneo. ¿Cómo fue eso posible? Nadie lo sabe.

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En el vértigo de la política peruana, entre Sarratea y “La Pestilencia”, entre los plagios presidenciales y ministeriales, entre una inflación que no cede, una educación universitaria al borde de ser asaltada, un presidente y unos ministros salvajemente incompetentes y un Congreso cada día más vulgar en su discurso, más llorón en su crítica a la prensa y más alejado de la realidad, resulta que los bivertos, zamires, karelimes y brunos invaden todo. Todo ocurre aquí y ahora. Pero, en realidad, nada cambia salvo para empeorar. Y ahí, la pregunta ¿a cambio de qué? Sigue sin ser contestada. ¿Importa tanto? Claro que sí. ¿Merece ser olvidada y sepultada bajo el próximo escándalo de la semana? No lo creo.

¿A cambio de qué Vladimir? ¿De un discurso “no pacífico” para los pocos que escuchan que no es más que ruido? ¿De hacerse el sedicioso cuando no es más que un usufructuario del poder? ¿O hay un pacto de colaboración más amplio? ¿Qué dicen la derecha y el centro en el Congreso? Ganaron el TC sin debate, sin periodistas en el hemiciclo. El país solo merece ver “el producto terminado” porque “en el hemiciclo pasan cosas” dijo un cándido congresista Montoya que se fue de boca y nos la contó clarita.

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Mi tesis es solo eso, pero se las dejo. El pacto de facto es este: “todo, menos irnos”. Se queda el Congreso. Solo 8 congresistas quieren elecciones adelantadas. ¿De Castillo? “Ya veremos si algún día llegamos a los 87″. ¿Se necesita un nuevo TC, para que el actual no nos dé de baja en caso de conflicto? “Que así sea”. El irrepetible cierre del 2019 es la bestia negra que aterra por igual a casi los 130 congresistas. No es un tema jurídico, se puede explicar muchas veces que sin dos censuras es imposible. No te creen.

En la paranoia la amenaza no existe, pero el miedo es real. Y nada como el miedo para unir.

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