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Una coyuntura crítica abierta

“El Perú ha tenido varias coyunturas críticas que no fueron siempre bien resueltas. La de la independencia se resolvió con más continuidad que ruptura”.

Una de las cosas que más me sorprenden es que muchos analistas y comentaristas políticos crean que el Perú es un desastre por culpa de Castillo. Sin duda, Castillo ha contribuido al agravamiento del desastre, pero no es el principal responsable.

El Perú vive una coyuntura crítica abierta con la pandemia del COVID-19. Esta nos mostró que muchas cosas en el Perú eran un desastre. La salud, la educación, la seguridad, la justicia, el Congreso, el TC y otras organizaciones e instituciones estatales eran y son un desastre. Solo existían y existen pequeñas islas estatales de modernidad que tienen que ver con el capital y los grandes empresarios. Este diseño desigual de la organización estatal traduce el pésimo diseño institucional de la Constitución de 1993. Esta dispone que el Estado sea subsidiario del mercado y de los empresarios en desmedro del Estado mismo, de la sociedad y de los ciudadanos.

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La COVID-19 mostró que la economía neoliberal es una máquina de producir informales (72% que subió a 80%), que el PBI nacional oculta el atraso de la mayoría de las regiones, que la pobreza (reducida por el boom exportador) vuelve a elevarse, que la economía primario-exportadora y de servicios ha llegado a sus límites. La pandemia nos recordó que el Perú es una sociedad informal y fragmentada, que vive una profunda crisis de representación política (sin partidos) y social (sociedad civil debilitada) y que no ha llegado a ser una nación. Esta crisis no la ha producido Castillo, sino quienes han manejado el país en los últimos 30 años y aún antes.

La actual coyuntura crítica del neoliberalismo sigue abierta y va a concluir en un desenlace que nadie puede evitar. El Perú ha tenido varias coyunturas críticas que no fueron siempre bien resueltas. La de la independencia se resolvió con más continuidad que ruptura. Tuvimos la independencia política, pero siguió la misma estructura social colonial. Ante la incapacidad de la élite criolla para gobernar, los caudillos militares disputaron el poder con guerras civiles y elecciones instrumentales. La de la guerra del Pacífico nos fue peor: No teníamos ejército institucionalizado, no teníamos un Estado capaz, no éramos una nación, pero nos llevaron a la guerra.

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La coyuntura crítica de la república aristocrática (fusionada al final con la crisis del 30) generó grandes movilizaciones sociales, insurrecciones y terminó con largas dictaduras militares en defensa de la oligarquía. La última crisis oligárquica generó grandes movilizaciones democratizadoras y el golpe militar reformista de Velasco. La reforma agraria acabó con la oligarquía y el gamonalismo. La transición democrática de 1978-1980 produjo la Constitución de 1979 y acabó con la dictadura de Morales Bermúdez. La penúltima coyuntura crítica, generada por el terrorismo (SL y MRTA) y la hiperinflación de García, acabó muy mal: el autogolpe de Fujimori y la Constitución de 1993.