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El nuevo gobierno de Chile, por Fernando Rojas Samanez

“... el nuevo régimen, tal como lo hizo en su campaña para la segunda vuelta, se cuidará en lo posible de introducir cambios que generen mayor preocupación”.

Por Fernando Rojas Samanez (*)

El viernes 11 asumió el nuevo presidente de Chile, Gabriel Boric, liderando un conglomerado de partidos y organizaciones sociales de izquierda “Apruebo Dignidad”. Es el presidente más joven de su país, elegido con el mayor número de votos en la historia chilena. Fue en una emotiva ceremonia marcada por el entusiasmo de la juventud y por la paridad de género: 14 mujeres de un gabinete de 24 miembros.

Su asunción se realizó mientras continúan los trabajos de la Convención Constitucional que está discutiendo la nueva carta, cuya aprobación es fundamental para que el régimen de Boric cumpla el programa de gobierno anunciado en campaña. Así lo admitió el mismo Boric ante miles de sus adherentes desde el palacio de La Moneda, el mismo día.

El nuevo marco jurídico del país recién se podría aprobar o no en el segundo semestre del año y dependerá de los resultados del plebiscito a efectuarse a la conclusión de los trabajos, con una mayoría a favor de 2/3 del voto obligatorio. Para el gobierno de Boric, la actual Constitución es un obstáculo para su agenda y la modificación del sistema político y económico.

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Es por tanto de la mayor importancia para su gobierno la aprobación de la nueva Constitución, la cual en temas centrales hasta hoy discutidos muestra coincidencias con su programa, aunque también hay varios muy cuestionados. La mitad de los constituyentes pertenecen a organizaciones que han planteado un cambio del modelo y varios de ellos son ajenos a los partidos tradicionales. Sus propuestas van desde terminar el rol de subsidiariedad del Estado, recuperar las tierras de los pueblos originarios y los derechos laborales hasta cambiar el sistema de pensiones y establecer una educación pública de calidad y no discriminatoria. La derecha no alcanzó un tercio de constituyentes, lo que limita su influencia. Los pueblos originarios eligieron 17 miembros de la convención.

En esta realidad, el nuevo régimen, tal como lo hizo en su campaña para la segunda vuelta, se cuidará en lo posible de introducir cambios que generen mayor preocupación, sino en mantener el clima político de estabilidad, lo que como lo demostró la elección de su primer gabinete, ha sido recibido con alivio por la mayoría de la sociedad.

Hasta la aprobación o no del texto en la Convención Constituyente, el gobierno estará “en campaña” para apoyar su aprobación y su gabinete ministerial trabajará para ese objetivo. Si el plebiscito sobre la Constituyente no es aprobado, el escenario político para el gobierno de Boric puede cambiar sustancialmente y lo obligaría a complicadas negociaciones en el Congreso. Al mismo tiempo, los sectores sociales de mayoritaria representación en la Convención Constitucional se verían frustrados y se pronunciarán públicamente, presionando. Obviamente, la derecha podría tener también mayor influencia en ese contexto.

(*) Exvicecanciller